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SER DISCÍPULO MISIONERO DE JESÚS

“LA RELIGIOSIDAD, POR INTENSA QUE SEA, NO ES SUFICIENTE PARA SER  DISCÍPULO”

 “Debemos vivir con los ojos fijos en Jesús, el que inicia y consuma la fe” (Hb 12,2). Por eso necesitamos volver al que es la fuente y origen de la Iglesia, porque la fe viva y operante solo nace en el corazón de quien vive como discípulo y seguidor de Jesús.

P. Cirer GrisalesLos cristianos de las primeras comunidades se sentían seguidores de Jesús más que miembros de una nueva religión. Se sienten “seguidores del Camino” (Hch 9,2). La carta a los Hebreos precisa que es “un camino nuevo y vivo, inaugurado por Jesús para nosotros” (Hb 10,20). Un camino que hemos de recorrer viviendo una adhesión plena a su persona. Juan lo resume diciendo que Jesús es “el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6) (cfr. Fijos los ojos en Jesús, p. 143).

Es obvio que los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con la que tenían de su Maestro los primeros hombres y mujeres que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de Jesús, lo cual condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre y parcial, nuestra fe será pobre y parcial; si está distorsionada, viviremos la experiencia cristiana de manera distorsionada.

De ahí que la fe viva y operante solo nace en el corazón de quien vive como discípulo y seguidor de Jesús, porque no es posible seguir a un Jesús sin carne, pues necesitamos alimentar nuestra fe por medio de un contacto vivo con la persona de Jesús para así captar bien el núcleo de su mensaje, entender mejor su proyecto del Reino de Dios, dejarnos atraer por su opción por los pobres, por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano, asumiendo sus actitudes.

Las comunidades están formadas por personas que han conocido el “Camino del Señor” (Hch 18,25). Tristemente, hoy en día, la fe vivida por muchos cristianos, no suscita “seguidores” de Jesús, sino solo adeptos a una religión. No genera “discípulos” que, identificados con su proyecto, se entregan a abrir caminos al reino de Dios, sino miembros de una institución que cumplen mejor o peor sus obligaciones religiosas.

Itinerario del discípulo de Jesús (perfil del discípulo) DA 240ss.

“Luego llamó no solamente a sus discípulos, sino a toda la gente, y les dijo: Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mc 8,34).

Y subió al monte, llamó a los que Él quiso, y ellos vinieron a Él. Y designó a Doce, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar, y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios” (Mc 3, 13-15).

  1. Reconocer a Jesús como “Señor y Maestro”.

El discipulado es una dimensión esencial de la identidad del Marialabaja - Padre José Cirer con una niña copiacristiano. Ser cristiano es, ante todo, ser “discípulo de Jesús”, reconociéndolo como “Señor y Maestro”, conociendo y asumiendo su “proyecto de vida”. Es una actitud y un estilo de vida.

Quien le sigue va descubriendo el misterio que encierra en Él, se coloca en la perspectiva correcta para entender sus mensajes y va aprendiendo a trabajar hoy desde su Iglesia al servicio del Reino de Dios.

  1. Ser seguidores de Jesús.

Los Evangelios no hablan nunca de imitación, sino de seguimiento. Jesús no es un espejo, sino el camino. El seguimiento exige una dinámica de movimiento, es decir, ponernos en camino, convertirnos a Jesucristo, identificarnos cada vez más con Él. Entonces, ser discípulo consiste en “ir detrás” de Jesús.

El que se detiene o se instala en su propia vida se va quedando lejos de Jesús. El que cree en Jesucristo “se va renovando de día en día” (2Cor 4,16).

  1. Escuchar la llamada de Jesús.

Lo decisivo para seguir a Jesús es escuchar su llamada. La llamada es a seguirle, a ir detrás de Él. Por eso, la fe cristiana no consiste primordialmente en creer algo, sino en creerle a Alguien por quien nos sentimos atraídos y llamados: “Ven y sígueme”.Ver y oír fue la primera tarea de los discípulos.

  1. Vivir en comunidad.

A diferencia de otras formas de discipulado de la época, el discipulado de Jesús implicaba la convivencia continuada, porque los discípulos no solo tenían que aprender unas enseñanzas sino que debían ser testigos de las acciones en las que se hacía presente el Reinado de Dios anunciado por Jesús.

No todos seguimos a Jesús de la misma manera. Cada uno acentúa aspectos de su persona. Hay, sin embargo, algunos rasgos que no pueden faltar en un seguidor fiel que camina tras sus pasos.

  • En primer lugar, Jesús es para sus seguidores el camino concreto que nos lleva al Padre. Jesús es el “Rostro humano de Dios”, es “el rostro misericordioso del Padre” (Papa Francisco).
  • En segundo lugar, Jesús enseña a quienes lo siguen a ser hijos de Dios viviendo dos actitudes fundamentales:
  • Confianza plena en el Padre.
  • Vivir una actitud de docilidad incondicional como hijos del mismo Padre.

Los seguidores de Jesús se esfuerzan por amar a su estilo: ofreciendo el perdón a quienes nos han ofendido, dando prioridad a los más pobres y desvalidos. Seguir a Jesús es vivir al servicio del proyecto del reino de Dios inaugurado por Él. Los Evangelios recogen esta misión confiada a Jesús por los suyos con diferentes lenguajes: han de sentirse enviados (Jn 20,21-22), y para ello deben ser realmente discípulos del Señor Jesús.

¿La vivencia de tu fe te hace descubrir que realmente vives como discípulo misionero de Jesús para estar con El, y ser enviado a predicar el Reino de Dios?

Por: P. José Cirer Grisales, IMC

Revista Dimensión Misionera

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