info mision

RETIRO MENSUAL – AGOSTO 2018

Tema:

Con una mirada y con un corazón preferencial por el pobre

MOTIVACIÓN

Los pobres como don y presencia de Dios y como exigencia del evangelio, en una iglesia abierta al mensaje de Jesús y un IMC, en la Iglesia, al servicio de la misión de Dios.

Como Misioneros de la Consolata, consagrados para continuar la misión de Jesús, en contextos “ad gentes”, escuchemos al Papa Francisco, en su mensaje para la I Jornada Mundial de los Pobres, 19 de noviembre de 2017: “No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido”.

ILUMINACIÓN

La luz en el camino para nuestra vida misionera es Jesús, quien centró su mensaje en la llegada del Reino de Dios. Un Reino que es buena nueva para los pobres y excluidos del sistema social y de salud, religioso y político de su tiempo y del nuestro. De una forma lógica, sus discípulos, interpretaron su vida y mensaje como evangelio, tal como indican, de un modo especial, Pablo (cf. Gal 1, 6-11; Rom 1, 15-17) y Marcos (cf. Mc 1, 14-15; 13, 10; 14, 9).

Jesús no teorizó sobre el sentido del Reino, sino que hizo algo mucho más importante: asumió y actualizó, con su vida y con sus obras, la promesa de evangelio, que se expresaba, sobre todo, en el libro de Isaías, ofreciendo a los pobres de su entorno la buena noticia práctica de la llegada de Dios, además de haber elegido de entre ellos a sus discípulos/as y a sus más cercanos y amigos, comenzando por su madre María.

 

REFLEXIÓN

1) Los pobres, contenido del evangelio

Esta certeza de que el tiempo se ha cumplido y de que irrumpe el reino de Dios como victoria de la vida y de la gracia de Dios sobre la muerte, llena toda la historia de Jesús y fundamenta, de manera radical, sus gestos y palabras. Esta certeza es la razón de su mensaje, su ipsissima vox, el signo básico de su vida. A partir de aquí han de interpretarse sus restantes palabras de promesa y esperanza: el perdón, las curaciones y, sobre todo, el anuncio de la bienaventuranza para los pobres, “Felices vosotros, los pobres, porque es vuestro el reino de Dios. Felices vosotros, los que ahora tenéis hambre, porque os saciareis. Felices los que ahora lloráis, porque reiréis” (Lc 6, 20-21).

Como enviado escatológico de Dios, Jesús proclama el Reino de Dios y lo presenta como buena noticia para los pobres, del pueblo y raza que fueren, y no como triunfo político, social o religioso de ningún pueblo. En este contexto se sitúa la escena en la que Jesús responde a los mensajeros de Juan Bautista que le preguntan: “¿Eres tú el que ha de venir?”. Jesús responde: “Anunciad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; os muertos resucitan y los pobres son evangelizados ¡Y feliz aquel que no se escandalice de mí!” (Mt 11, 4-6; Lc 7, 22-23).

2) Los pobres del Evangelio

El texto anterior nos muestra el sentido y tarea del evangelio de Jesús, tal como lo han vivido y expandido las comunidades más antiguas, presentando a los enfermos, los pobres y a los muertos como destinatarios de las obras misericordiosas y consoladoras del Mesías.

  1. a) Curar a los enfermos (cf. Is 35, 5-6; 41, 7). Ellos son, sin duda, los primeros pobres. Es indudable que Jesús ha curado a cojos y ciegos, sordos y mudos, paralíticos y leprosos; pues bien, esa curación hace parte de la buena noticia salvadora.
  2. b) Evangelizar a los pobres (cf. Is 61, 1). Esta expresión asume la de enfermos y amplia el concepto a todos los carentes materiales y sociales, como los ciegos, los hambrientos y los que lloran (cf. Lc 6, 20-21).
  3. c) Resurrección de los muertos. Los muertos son los más pobres entre los pobres, aquellos que no tienen ni salud, ni medios económicos, ni vida; son los derrotados por la dura condición humana que destruye a todos los vivientes. Pues bien, el evangelio de Jesús que se inicia como curación de los enfermos y bienaventuranza de los desposeídos, culmina en la esperanza de resurrección de los muertos. Triunfo de la vida sobre la muerte, que sólo puede entenderse y proclamarse allí donde se asume el camino de Jesús, con su evangelio para los enfermos y los pobres.

Así lo ha interpretado Lc 4,18ss cuando presenta la misión de Jesús en Nazaret, su pueblo. Entra en la sinagoga, toma el rollo de Isaías y proclama: “El Espíritu del Señor está sobre mí; por eso me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos…” (Lc 4,18-19).

La buena noticia para los pobres se vincula aquí con la curación de los enfermos, la liberación de los cautivos, la devolución de la visión a los ciegos y el anuncio del año de gracia, es decir, el perdón universal de Dios, abierto a todos, sin venganza contra los enemigos de Israel, como ponía el texto base de Is 61,2. Eso significa que los pobres no se identifican con los israelitas, sino con todos los necesitados del mundo, superando las fronteras entre Israel y las naciones. El evangelio no ratifica la distinción entre judíos y gentiles, sino que se abre, desde los pobres, a todos los hombres y mujeres. Por eso suscita escándalo, de forma que los nazarenos quieren matar a Jesús, pues rechazan su forma de anunciar la salvación a los pobres (cf. Lc 4, 22-30). Los nazarenos de todos los tiempos han querido silenciar el evangelio; pero el mensaje y camino de Jesús sigue resonando por todas partes.

REFLEXIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA

“Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio” (Papa Francisco). Ellos son más bien los bienaventurados de Dios, de quienes debemos aprender y a quienes nos debemos juntar, como aliados, para vivir la esencia del Evangelio y nuestro carisma misionero ad gentes. Camino de salvación para todos, ellos, los ricos y nosotros.

El problema como tal es que haya mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses; el problema es la lógica perversa del poder, del dinero y el egoísmo. El problema es la falta de compasión fraternal y misericordia solidaria, que nos permita disfrutar de la verdadera Consolación, al servicio de la cual dedicamos lo que somos y tenemos, como nos lo indica José Allamano: “todo para la misión”.

Hay pobrezas que podrían ser resueltas, con cierta facilidad, si todos nos comprometiéramos, como por ejemplo, el hambre, si el sistema económico cambiara. Ciertas enfermedades infecciones podrían curarse, con una medicina preventiva generalizada, si todos pactáramos y cambiara el sistema, lo mismo que evitar o al menos minimizar el amenazante desequilibrio ambiental, etc.

Pero hay otras “pobrezas” que son más difíciles de resolver, pues son de alguna forma connaturales a la vida humana, así como cierto tipo de soledad, cierto tipo de enfermedades mentales, el miedo, la falta de amor, la muerte, y/o las causadas por catástrofes naturales. Todo eso está vinculado a la injusticia de fondo de la sociedad, pero es difícilmente soluble en plano social-técnico, como puso de relieve el budismo, al insistir en el “mal” del deseo vinculado a la enfermedad, la vejez y la muerte.

Podemos entonces reflexionar: ¿cómo nos afectan y que respuestas damos ante los diversos tipos y rasgos de la pobreza?

  • Pobreza biológica y sanitaria,
  • corporal y espiritual,
  • personal y social,
  • educativa y cultural,
  • de hambre-sed y de justicia,
  • de raza, género y condición sexual
  • de familia y dignidad personal,
  • de edad y enfermedad “física”,
  • de extranjería y encarcelamiento,
  • de lugar en el que se vive (centro, periferia, barrios insalubres…),
  • de soledad y enfermedad mental,
  • de opresión social, de violación sexual;
  • de condición personal, de (falta de) familia,
  • etc.

 

Nota: inspirado en el Papa Francisco, Xabier Pikaza y José Ignacio González Faus.

 DESCARGUE AQUÍ EL PDF DEL RETIRO: RETIRO AGOSTO 2018

RETIRO ELABORADO POR LA COMISIÓN DE ESPIRITUALIDAD DEL INSTITUTO DE LA CONSOLATA PARA MISIONES (IMC)

REGIÓN COLOMBIA – ECUADOR – PERÚ

“Estar con Jesús, para estar como misioneros al servicio del pueblo”

 

Leave a Reply

XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>