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¿QUÉ ES SER MISIONERO?

El mandato misionero. «La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser “sacramento universal de salvación”, por exigencia íntima de su misma catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres» (AG 1): “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19-20) Catecismo de la Iglesia Católica # 849

La vida laical misionera se puede describir como una montaña rusa, es decir, donde manifiestas un sin fin de emociones que van desde la alegría más intensa hasta la soledad más angustiante, donde te vas con el propósito de evangelizar, de dar y terminas aprendiendo más de ti mismo y de la relación con los demás; pero realmente ¿Qué significa ser un buen misionero?

En el Evangelio de San Lucas 10, 2 se nos dice: ‘’La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al Dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha’’. Desde antes el Señor nos esperaba para ayudarle a compartir de su misericordia pues es nuestra tarea aprovechar los talentos y dones que él nos da para el servicio y la evangelización de los demás; también nos hace reflexionar acerca de los que estamos haciendo diariamente para cumplir con sus mandamientos.

Pues bien, ante todo debemos pedirle al Espíritu Santo que nos ilumine y nos ayude a emprender nuestras tareas bajo la luz de su evangelio, debemos tener una conciencia completa de alma, mente y corazón para poder llevar de la grandeza que se nos ha regalado; definitivamente no podemos dar de lo que no hemos aprendido a amar ya que el amor es la clave de todo.

Por otro lado, debemos estar abiertos a vivir nuevas experiencias donde de una u otra manera se nos muestra diversas realidades que tal vez por nuestra ceguera dejamos de ver, desde donde la sencillez y la humildad se muestra la verdadera benevolencia de nuestro Dios.

Al final de cada experiencia terminamos con la felicidad de la labor cumplida, con el propósito de continuar proclamando el amor de Cristo y con la esperanza puesta en su confianza, pues bien, cuando permitimos que su riqueza invada nuestro corazón entendemos aún más cuán grande es nuestro Dios; en Jeremías 15,16 se nos recuerda: ‘’Cuando me llegaban palabras tuyas, yo las devoraba. Ellas eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón’’.

Pidámosle al Señor que nos permita seguir siendo esos obreros que tanto necesita para llevar el anuncio del evangelio con valentía, para que todos lleguen al conocimiento y a la edificación de un pueblo unido en el amor.

Por: Comunicaciones IMC

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