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OPCIÓN INDÍGENA

 

Los misioneros de la Consolata llegaron al Continente sur-americano en Brasil en 1937, en Argentina en 1946, en Colombia en 1947, fundamentalmente con el objetivo de hacer animación misionera vocacional, para enviar personal y recursos económicos a las misiones del Continente africano.

  Pero con la elección como superior general del P. Domingo Fiorina, misionero en Brasil, en 1949, tomó mucha fuerza el “sueño americano”: las tres Regiones de América Latina debían, para motivar los jóvenes a la opción misionera, asumir la responsabilidad de algún “territorio de misión” local. Así, Argentina asume la responsabilidad misionera del Chaco y Formosa; Brasil asume la Prelacía de Rio Branco (Roraima); Colombia asume el Vicariato de Florencia (Caquetá). En las tres realidades la presencia indígena es mayoritaria.

En este momento, como misioneros de la Consolata, en seis países del continente acompañamos a diferentes grupos indígenas: Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Estamos presentes en otros países donde la realidad indígena también es significativa, como es el caso de México, y las MC también tienen una presencia en Bolivia y en el Sur de Brasil (Dorados – MS). Este trabajo está ubicado desde cuatro áreas étnico-geográficas: Amazónica (Brasil, Colombia, Ecuador y Perú), Andina (Colombia), el Gran Chaco (Argentina-Bolivia) y el Delta Amacuro (Venezuela), a lo que unimos la presencia indígena en el contexto urbano.

A lo largo del tiempo, se puede hacer recuerdo de presencias significativas de los Misioneros de la Consolata junto a los pueblos indígenas, marcadas por la defensa de la vida, la lucha por la tierra, el diálogo intercultural y el apoyo a sus formas de organización.

El acompañamiento a comunidades indigenas en la Region Colombia-Ecuador inicia al asumir el Vicariato de Florencia en la década de 50, siendo que la pastoral especializada comenzó en el año 1972 en la Tagua (Putumayo-Caquetá), y actualmente estamos en 8 puestos de misión con población indígena: Toribio, La Tagua, Solano, Puerto Leguízamo y Puerto Ospina (en Colombia); Palma Roja y Lago Agrio (en Ecuador); y Soplín Vargas (en Perú).

Son años de presencia en el mundo indigena en donde hemos pasado por 18 lugares de misión especificamente por la opción indígenas (continuamos en algunas, hemos entregado otras).

EL TRABAJO JUNTO A LOS PUEBLOS INDÍGENAS

 

Siguiendo la experiencia que el IMC  ha ido construyendo en su presencia junto a los pueblos indígenas, y en comunión con la Iglesia latinoamericana, nuestro trabajo procure siempre:

  1. a) la defensa de la vida y de los derechos de los pueblos indígenas, particularmente el derecho a la tierra;
  2. b) el acompañamiento de sus organizaciones y sus luchas por una vida buena (sumak kawsay);
  3. c) la participación y el protagonismo de los pueblos indígenas;
  4. d) la formación de las comunidades indígenas y sus articulaciones con otros pueblos indígenas o grupos sociales aliados;
  5. e) el respeto y valorización de su diversidad cultural, con acciones que ayuden a fortalecer esta dimensión;
  6. f) el diálogo interreligioso e intercultural; la inculturación del Evangelio;
  7. g) la sensibilización social y la lucha por políticas públicas, de salud y educación, que respeten y defiendan la vida de estos pueblos;
  8. h) trabajo en red en la búsqueda de una tierra habitable para todos haciendo frente a modelos extractivos destructores y vislumbrar modelos alternativos de vida sustentable;
  9. i) intensificar caminos de espiritualidad en defensa de la vida, de todo lo creado: pueblos (originarios, afro, colonos) y ambiente (en todo el continente).
  10. j) Nuestra metodología sea la de la inserción y la convivencia con las comunidades indígenas, respetando y promoviendo siempre su protagonismo y su organización.