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NOVENA A LA VIRGEN CONSOLATA – DÍA NOVENO

EN MEDIO DE SU DOLOR, PIDE AL PADRE QUE TE CONSUELE

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

(Seguidamente, se propone un momento de disposición interior personal para iniciar la novena)

 

  1. ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Padre Santo, por la intercesión de Nuestra Señora de la Consolata, recibe nuestras alegrías, esfuerzos y esperanzas. Danos fuerza para llevar con valor los sufrimientos, las dificultades y fragilidades. Transforma todo ello en misericordia, solidaridad, justicia y paz, para que podamos gozar en espíritu de familia, de la casa común que Tú nos has dado. Que siguiendo a tu Hijo Jesús, sepamos trabajar por el bien de los demás, con la fuerza del Espíritu Santo y la compañía maternal de María que corre presurosa al encuentro de la vida que eres Tú mismo que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

  1. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO

Cerca de la cruz de Jesús estaba su Madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdalena. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu Madre.” Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa (Jn 19,25-27).

 
  1. MEDITACIÓN

María estando junto a la cruz de Jesús, ama y contempla a su Hijo en la plenitud de su entrega. La mujer de Nazaret asume junto a su Hijo el sacrificio de la entrega, enmarcado por el dolor de la separación. Nuestros pueblos de la Amazonía y la frontera asumen continuamente una cruz impuesta por aquellos que oprimen y olvidan.

El sacrificio de estos pueblos es enmarcado en una constante búsqueda de estabilidad, la cual se torna frágil por la angustia que genera el sentimiento de orfandad generado por la marginalización.

Jesús diciendo a su Madre “Mujer, ahí tienes a tu Hijo”, pronuncia la esperanza para estos pueblos que ya no deberán sentir la desolación del abandonado, sino la ternura del abrazo materno, acogedor e incluyente. A su vez, al discípulo, a sus hijos, Jesús entrega a su Madre: “Ahí tienes a tu Madre”.

El Señor nos transmite lo más grande que hay en su corazón, el amor de madre, que transformando el dolor en esperanza impulsa a anunciarlo a todas las gentes.

 
  1. REFLEXIÓN:

Esta motivación de misionariedad que surge a los pies de la cruz es transmitida por personas que, con la ayuda de su fe, han logrado superar el dolor en la “hora” de Jesús. Por lo tanto, que la ayuda de María santísima, madre de consolación, interceda en el fortalecimiento de la fe como instrumento de esperanza e integración en nuestros pueblos de la Amazonía y de la frontera.

 
  1. PADRE NUESTRO, AVE MARÍA, GLORIA.
  1. GOZOS

Oh María, madre mía, oh consuelo del mortal,

/amparadme y guiadme a la Patria celestial. (Bis)

María Madre nuestra, por tu ejemplo

y virtudes, Dios te eligió como Madre

de Jesús, que ante la voluntad del Padre

estemos siempre dispuestos como tú.

Oh María consolada y consoladora,

de nosotros eres modelo y guía,

Intercede por tus hijos misioneros

y sé consuelo para todos cada día.

En la Amazonía estamos, en la frontera anunciamos,

a tu Hijo, nuestro guía.

Alegres llevamos, a un pueblo que aclama,

el consuelo de tu Hijo, María.

Contemplamos tu rostro materno,

y el suave ademán de tu diestra

que el misterio divino nos muestra,

hecho hombre, de Dios Verbo Eterno.

Anunciamos su Gloria en el mundo,

su Verdad y su Gracia divina:

es Consuelo que llama y destina

a vivir de su amor más profundo.

Sin fronteras de tiempo y lugar,

para que Consolata tú seas,

para que todo el mundo lo crea,

cruzaremos el cielo y el mar.

Consolata tan cerca de tu pueblo

necesitado de vida y de paz,

hoy ponemos en ti la confianza

porque siempre a Jesús nos das.

Fuerte en la tribulación

alegre en la esperanza,

hay un pueblo que despierta

en la lucha y la confianza.

En ti Madre de Dios

ponemos nuestra esperanza,

de un nuevo amanecer

en justicia y en verdad.

Gloria al Padre, del Verbo la fuente,

gloria al Hijo, del Padre esplendor,

y al Espíritu Santo de Amor

por los siglos y eternamente. Amén.

  1. INVOCACIONES

A cada invocación se responde: Ruega por nosotros.

– Virgen María, Madre de Dios.

– Virgen María, llena de gracia y amor de Dios.

– Virgen María, mujer de la escucha.

– Virgen María, llena de la vida de Dios.

– Virgen María, llena de amor y ternura por los hombres.

– Virgen María, llena de fe, esperanza y caridad.

– Virgen María, comunicadora de la alegría de Dios.

– Nuestra Señora de la Consolata.

– Beato José Allamano.

– Beata Irene Stefani.

– Santos Pablo y Bernabé.

 

  1. ORACIÓN FINAL

¨La paz les dejo, mi paz les doy¨. Señor, la paz es un don tuyo. Ayúdanos a acogerlo con gratitud y a hacerlo crecer con generosidad. Señor, la paz es consolación para todos aquellos sometidos a las guerras y violencias. Como María queremos volver a aprender a relacionarnos unos a otros, basados en la acogida de la vida con la sencillez y la profundidad de la fe. Que como ella, nada ni nadie nos separará de tu amor y del amor a nuestros hermanos y hermanas. Manteniéndonos firmes en tu seguimiento podamos vislumbrar en María los cielos nuevos y la tierra nueva. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

  1. ORACIÓN A LA CONSOLATA

Santa Madre de Dios, que con tu gran amor nos brindas tu ayuda incondicional. Queremos pedirte en este día tu consuelo. Tú que nunca nos abandonas, socorre nuestras necesidades y nuestros corazones que sufren. Transforma en alegría el dolor de tus hijos, haz que escuchemos tus palabras y nos fortalezcamos, danos la paz a todas las personas de esta Tierra.

¡Tú eres la Madre de Dios y nuestra Esperanza, ruega por nosotros! Estamos bendecidos porque tenemos tu protección, y porque intercedes día y noche por nosotros.

¡Tú que has hecho brillar el sol de la justicia, ruega por nosotros! Tú que con tu humildad alejas al mal, quédate siempre a nuestro lado. Tú, reina de los milagros, ya que Dios todo te lo concede, ten piedad de nosotros y ayúdanos.

Ponemos nuestra vida en tus manos para que nos lleves a los brazos de tu Hijo, lo único que deseamos, nuestro único tesoro. Amén.

  1. CANTO FINAL:

Junto a ti María, como un niño quiero estar,

tómame en tus brazos guíame en mi caminar.

Quiero que me eduques, que me enseñes a rezar

hazme transparente, lléname de paz.

Madre, Madre, Madre, Madre.

Madre, Madre, Madre, Madre.

Gracias Madre mía por llevarnos a Jesús,

haznos más humildes tan sencillos como Tú.

Gracias Madre mía por abrir tu corazón,

porque nos congregas y nos das tu amor.

Descargue aquí el libreto completo con la Novena a Ntra. Sra. Consolata

NOVENA ELABORADA POR:

MISIONERAS DE LA CONSOLATA (REGIÓN COLOMBIA-VENEZUELA)

MISIONEROS DE LA CONSOLATA (REGIÓN COLOMBIA-ECUADOR-PERÚ)

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