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LOS PRIMEROS MISIONEROS DE LA CONSOLATA

Los Primeros Misioneros de la Consolata

El Instituto de la Consolata para Misiones, también  conocido como IMC, es una familia misionera de laicos y consagrados (hermanos y sacerdotes). Fue fundado el 29 de enero de 1901 por el Beato José Allamano, teniendo como Carisma el Ad Gentes (evangelización de los no cristianos). Dos son los componentes de la misión del IMC: la evangelización y la promoción humana. Pero su fin primario es la santificación de sus miembros. “Primero santos, y luego misioneros” – escribió el Beato José Allamano.

Se puede decir que el IMC nace fundamentalmente como obra de la Iglesia local de Turín. Él vino al mundo en y de las entrañas de la iglesia turinense, en la persona de su sacerdote José Allamano y del puño de su arzobispo, cardenal Agostino Richelmey. Y los primeros misioneros salieron de esta iglesia. Fue, pues, la iglesia diocesana de Turín la que se abrió con el IMC al mundo, la que decidió salir de sus fronteras para compartir la Buena Noticia de Cristo con otros pueblos y culturas. Fue su fervor y apuesta misionera los que hicieron posible el nacimiento y fortalecimiento del Instituto de la Consolata para Misiones.

El IMC fue soñado inicialmente para el África, en concreto para Etiopia. José Allamano había soñado con heredar las misiones del cardenal capuchino piamontés Guglielmo Massaia. Sin embargo, por circunstancias de la vida, los primeros misioneros de la Consolata terminaron entre los kikuyu de Zanzíbar.

Con el pasado del tiempo, aquella apuesta misionera turinense fue abriendo camino a otros lugares. Actualmente los misioneros de la Consolata, procedentes de varias naciones, trabajan en cuatro continentes, a saber: América, África, Europa y Asia. En términos de países, los Misioneros de la Consolata trabajan en Italia, Brasil, Argentina, Kenia, Mozambique, Sudáfrica, Perú, Colombia, Ecuador, Mongolia, Corea del Sur, Angola, Taiwan, Costa de Marfil, Congo Kinshasa, Portugal, España, Etiopia, Canadá, México, Venezuela, Tanzania, Polonia y Estados Unidos.

En estas naciones los Misioneros de la Consolata se dedican a varias actividades, que van desde la misión ad gentes hasta el servicio al instituto, pasando por el trabajo en los nuevos areópagos y periferias urbanas, la ecología, la justicia y paz, el apoyo a la iglesia local, las minorías étnicas y el diálogo intercultural e interreligioso; ello desde la fidelidad a la Iglesia, al Evangelio y al Carisma, apoyándose en la santidad y el testimonio de vida, y teniendo como apuesta inmediata, el amor a la humanidad concreta, de manera especial, a la humanidad sufrida y necesitada.