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LOS LAICOS: COMPARTIENDO CAMINOS DE FE Y VIDA

En mi camino de vida he conocido y compartido con muchas personas: mi familia, amigos, compañeros de estudio y trabajo, misioneros de la Consolata y mi comunidad de laicos, todos ellos me han llevado a reflexionar sobre el laicado misionero y quisiera compartir con ustedes mis reflexiones.

 

De la profesora Dolores Golmayo Fernández se aprende que “El Laico Misionero es un bautizado, llamado desde el Evangelio y la fe en Jesucristo a servir en la misión ad-gentes de la Iglesia; es un testigo del evangelio, parte integrante de una Iglesia local que le envía a misión, generalmente a proyectos concretos en los que se pide una colaboración técnica o bien una actividad pastoral; pero en cualquier caso, va ante todo a compartir vida y fe con otro pueblo. Desde su trabajo voluntario, entendido como un compromiso serio, responsable, gratuito y por algunos años, es enviado como un verdadero agente pastoral para compartir su fe con los demás”.

 

Las primeras asociaciones del laicado misionero nacen en la década de los años 50 en el contexto del siglo XX Desde entonces, el laicado ha ido creciendo y fortaleciéndose a lo largo de los años, al tiempo que se va produciendo un cambio en la valoración del fenómeno: “Hoy resulta que la misión universal sólo será posible si realmente los laicos asumen su compromiso y su responsabilidad misionera” (Lumen Gentium 33, Ad gentes 21).

   

Los laicos cristianos constituyen la Iglesia en el mundo y, por ello, los procesos de la iniciación cristiana deben iluminarse desde esta perspectiva, para que los consagrados por el bautismo se inserten responsablemente en los problemas del mundo. La evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la vida concreta personal y social del hombre; por lo tanto, debe integrar el proceso humano, el desarrollo económico, la paz, la justicia, la lucha contra la pobreza y la opresión, el compromiso por la liberación frente a todo tipo de esclavitudes, la opción preferencial por los pobres y desfavorecidos. Juan Pablo II decía que “Ser misionero es ayudar al hombre a ser artífice libre de su propia promoción y salvación”.

 

El campo de actividad evangelizadora de los laicos son los complejos mundos de la política, la realidad social, la economía, la cultura, las ciencias, las artes, los medios de comunicación. Es muy grande la responsabilidad que tenemos en la sociedad, actuando siempre con ética, valores, respeto. El papel del laico en la Iglesia de hoy es muy importante porque estamos en todos los espacios, entornos y necesidades.

 

Así, pues, puedo concluir que un laico misionero es una persona que con su testimonio de vida proyecta el amor de Dios, sin limitaciones.

   

Revista Dimensión Misionera

Por Nubia Gamboa – LMC Bogotá

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