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“No necesitamos sacerdotes super apóstoles, sino misioneros”

Así lo aseguró monseñor, Héctor Javier Pizarro Acevedo, Vicario Apostólico de Trinidad, quien en una entrevista ha comentado que una de las principales necesidades en su jurisdicción es la de contar con sacerdotes para que lleguen a los lugares más alejados de este territorio, que está ubicado en el departamento de Casanare.

Vicariato Apostólico de Trinidad

“El misionero tiene una característica muy particular: es un hombre que con muy pocos recursos ingenia muchas cosas para sembrar el Evangelio”, aseguró el prelado que dirige esta jurisdicción hace 15 años. Trinidad tiene una superficie de 27 mil kilómetros y una población de 45.500 habitantes. Según datos de catholic-hierarchy.org el 87.3% profesa la religión católica. En ese contexto, se cuenta con 16 sacerdotes y seis parroquias, además de la presencia de dos comunidades religiosas. “Pedimos al Señor para que nos siga llegando vocaciones, ojalá sean autóctonas, porque realmente la falta de sacerdotes hace que otras instituciones religiosas ocupen esos espacios”, comentó el prelado. ENTREVISTA: HECTOR JAVIER PIZARRO ACEVEDO
La realidad de Trinidad no es distinta a la de otros territorios. Allí se percibe la pobreza y los recuerdos de la violencia que el paramilitarismo sembró. Si bien hubo dejación de armas, todavía en algunos lugares se viven episodios de extorsiones y cobro de vacunas a los ganaderos. La acción pastoral en esta jurisdicción tiene que sortear estas realidades. Una de las debilidades es que las vías de transporte son precarias, por ello los sacerdotes deben hacer grandes recorridos para llegar a las comunidades. “Las distancias son una gran dificultad que tenemos porque no hay vías de comunicación buenas que permitan llegar a los sacerdotes a las veredas grandes, a pesar de los esfuerzos que se han realizado por mejorar”, aseguró monseñor Pizarro Acevedo.
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En este territorio no se puede negar la pobreza que afecta a la población, sin embargo esta pobreza hay que dimensionarla correctamente, por ejemplo la pobreza en las instituciones educativas, la distribución de la tierra e incluso el uso correcto de los ingresos económicos por parte de la población. “Yo no creo que haya una pobreza extrema en Casanare, la gente tiene mas o menos modos de vida, pero cuando hablas de otras pobrezas, como por ejemplo las institucionales esas sí son las más graves. La educación realmente necesita una recomposición para que todos tengan oportunidades, la distribución justa de la tierra y los ingresos que generan las empresas de hidrocarburos en la vida familiar no siempre es bien empleado”, explicó el obispo. Finalmente expresó su deseo porque el proceso de paz que se está construyendo genere beneficios para sectores deprimidos del país y que con ello existan mejores condiciones de vida. Fuente: CEC

EL ROSTRO FEMENINO DE LA MISIÓN SE LLAMA MARÍA, BAJO LA ADVOCACIÓN DE “CONSOLATA”

  El padre José Allamano al fundar el Instituto misionero de las hermanas misioneras de la Consolata, no escatimó en decir que la verdadera fundadora era María Santísima bajo la advocación de la “Consolata”(cfr. “Los quiero así”, Espiritualidad y pedagogía misionera, Instituto misiones Consolata, 1° ed.,2009, p.222) pero, ¿por qué el padre José Allamano siendo un sacerdote diocesano, siendo el párroco de una iglesia local le vino tal idea y de alguna forma involucró a María en esta obra evangelizadora? Las páginas de un libro de historia nos podrían hacer entender muy bien el contexto en el que el padre se movía en ese entonces y lo que realmente lo inspiró de tal manera a fundar un instituto misionero mariano. mc - INES Y GLORIA Pero este no es el caso, el caso es que si decimos que la misión tiene un rostro femenino llamado “la virgen Consolata” es porque José Allamano así nos lo dejó como herencia y legado. Ese amor tan grande que sentía por ella no pudo expresárselo de otra manera que fundando un instituto misionero, pero, me pregunto ahora: ¿Quién enamoró a quién? ¿María santísima a José Allamano o José Allamano a María santísima? Lo único cierto de esta historia de amor es que de esta relación divina nacimos nosotros: Los misioneros y las misioneras de la Consolata y que nosotros como buenos hijos crecidos, adultos, les hemos hecho un bello regalo a nuestros queridos papás: un nietecito que son los laicos misioneros de la Consolata. ¿Qué más y mejor familia que esta? Una gran familia que a lo largo de los años, más de 100 por cierto, se ha encargado no solo de anunciar y divulgar el evangelio por todas las naciones sino que también se ha encargado de difundir la devoción a María a tal punto de querer adoptar hijos para su seno materno. María no solo es la Madre de Dios, inspiradora y modelo único de consagración para cada miembro de la familia, sino es algo más: es la mujer que le da ese toque femenino a la misión y de la cual todos quedamos encantados y admirados, nos sentimos amados y nunca abandonados. Deseo de corazón que en verdad todos nosotros sigamos fielmente llevando este nombre con orgullo y excelencia como siempre fue el deseo de nuestro padre fundador: “Cuando ustedes van por la calle, la gente no dice: “son los misioneros o las misioneras”, sino: “son los Misioneros o Misioneras de la Consolata. (…) Lo repito, debemos estar santamente orgullosos de pertenecer a la Virgen bajo este título que muchos envidian (…). El nombre que llevan debe animarlos a convertirse en lo que deben ser.”(Ibid.: p. 223) Gracias Madre santa por estar con nosotros, gracias por habernos querido en tu seno materno, gracias por haberte hecho lo que eres hoy para todos y cada uno de nosotros: la Madre Consoladora. Santísima Virgen Consolata: ¡ruega por nosotros! Hna. Gloria Nayibe Ospina Fuente: Blog MC

10ª Caminata con Alejandro e Inés: “caminamos con misericordia para defender la vida”

Celebración del 29º aniversario de la muerte martirial de Alejandro e Inés

JULIO 2016 ACOMPAÑE LA CAMINATA EN LA PÁGINA WEB: Alejandro e Ines PREPARACIÓN Se celebrará la 10ª Caminata con Alejandro e Inés “caminamos con misericordia para defender la vida”, desde Quito (9-20 de julio), desde Tiputini K, 50 (19-20 julio), desde Los Zorros y Sachas (20 de julio). Triduo de preparación
  1. “La misión de la misericordia de Alejandro e Inés”
  2. “La misión de la solidaridad de Alejandro e Inés”
  3. “La misión de la inculturación de Alejandro e Inés”
9 sábado: Minga en km 50, Tiputini, Centro de espiritualidad Alejandro e Inés 07:00 Concentración en el santuario Nuestra Señora de Guápulo 07:30 Eucaristía de envío de los misioneros y caminantes 08:45 Refrigerio 09:00 Organización de los caminantes y salida hacia Pifo 13:00 Llegada a Pifo: 21 kms. 18:00 Celebración dela Eucaristía en la parroquia de Pifo Etapas desde Quito hacia Coca 1ª etapa: S-09 julio   Guápulo (8h00, Eucaristía) a Pifo: 21 kms. 2ª etapa: D-10 julio  Pifo a Papallacta: 41 kms. 3ª etapa: L-11 julio   Papallacta a Baeza: 38 kms. 4ª etapa: M-12 julio Baeza a El Chaco: 24 kms. 5ª etapa: X-13 julio  El Chaco a Río Malo: 38 kms. 6ª etapa: J-14 julio   Río Malo a Reventador: 30 kms. 7ª etapa: V-15 julio  Reventador a Lumbaqui: 29 kms. 8ª etapa: S-16 julio   Lumbaqui a Sevilla: 28 kms. 9ª etapa: D-17 julio  Sevilla a Lago Agrio: 31 kms. 10ª etapa: L-18 julio  Lago Agrio a El Eno: 20 kms. 11ª etapa: M-19 julio  El Eno a Sachas: 27 kms. 12ª etapa: X-20 julio  Sachas a Coca: 39 kms. Etapas desde el Helipuerto km 50 hacia Coca 1ª etapa: M-19 julio Helipuerto a Cóndor: 24 Kms. 2ª etapa: X-20 julio  Cóndor a Coca: 26 Kms.   CELEBRACIÓN 20 miércoles: recibimiento a los caminantes 05:30 Salida de Caminatas de Sachas, del Km 26 Vía Auca y Vía Zorros 12:30 Llegada a la Catedral: celebración presidida por Mons. Jesús Esteban Sádaba 13:30 Almuerzo en el coliseo del Gamboa 14:00 Ubicación de los caminantes Capuchinos (Vicariato planta baja) Visitantes (Albergue) Peregrinos de Vía Auca y Quito (Gamboa) 16:00 Exposición fotográfica 18:00 Merienda, en el Gamboa 18:30: Vigilia de la luz (procesión desde el Vicariato a la Catedral) 19:30 Eucaristía (presidida por el Ministro General) 21:00 Video foro sobre Alejandro e Inés 21 jueves: Celebración de Alejandro e Inés 07:00 Oración compartida 08:00 Desayuno en el Gamboa 09:00 Reunión para el Mensaje y preparación de la Eucaristía 10:00 Procesión desde el Vicariato hasta la Catedral, presidida por Jesús Esteban y organizada por Txarli 10:30 Eucaristía (presidida por Mons. Jesús Esteban Sádaba) 13:00 Rifa en el Vicariato 13:30 Almuerzo comunitario, en el Vicariato, casa de Cursos 15:00 Encuentro de Capuchinos de la Custodia del Ecuador con el Ministro General 15:00 Salida de los postnovicios capuchinos hacia las comunidades en Misión. 19:00 Merienda en el Vicariato 24 domingo: Peregrinación de la ciudad de Coca 09:00 Concentración en las capillas de San Pedro y San Pablo, San Antonio, Hospital Militar… 09:45 Llegada a la Catedral. 10:00 Celebración de la Eucaristía, presidida por Mons. Jesús Esteban Sádaba, sobre “caminamos con misericordia para defender la vida”.

Nuestra Señora de Chiquinquirá, patrona de Colombia

La fiesta patronal de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá se celebra el 9 de julio.

virgen_chiquinquira La historia se remonta al siglo XVI cuando los frailes dominicos realizaban expediciones de evangelización en la región del centro del país. Un caballero proveniente de España, Antonio de Santana, en 1560 obtiene la encomienda de la región para levantar una casa dotada con diferentes dependencias, apropiada para la administración de los colonos, los indígenas y esclavos; además debía construir una capilla para oficios religiosos en Suta. Posteriormente de España llega un fraile colaborador en las misiones, fray Andrés Jadraque que ve la necesidad de dotar la capilla con un lienzo o cuadro de la Virgen del Rosario, advocación promulgada por la Orden Dominicana a la cual pertenecía el religioso. De esa manera acuden a un pintor también español Alonso de Narváez que vivía en la ciudad de Tunja, en Boyacá, cercana a la región para pedirle que pintara a la Virgen del Rosario. Todos acuerdan poner al lado de la Virgen a sus santos de devoción, san Antonio de Padua y san Andrés por ser el primer patrono del encomendero que solicitaba la imagen y el segundo, del fraile que la había mandado a hacer.
Imagen de la Virgen de Chiquinquirá de Baltasar Vargas de Figueroa – Museo del Banco de la República de Colombia.
Para el año de 1562 la pintura hecha de algodón indígena que media 125 cm de ancho por 111 de alto ya estaba en la capilla y allí permaneció por más de una década hasta aproximadamente el año 1574. Por entonces, la capilla, que tenía techo de paja se deteriora por consecuencia de la humedad, al punto que la imagen quedó prácticamente borrada. La imagen estaba en tan mal estado que fue llevada dentro de la misma región a la población de Chiquinquirá, allí fue abandonada en una habitación que muy raras veces fue usada como capilla u oratorio. Se dice que incluso el lienzo sirvió para secar granos al sol.
La crónica histórica (elaborada al año siguiente de los acontecimientos) señalan que en el año 1586 María Ramos, una mujer del lugar, sabiendo que el lienzo había guardado la imagen de la Virgen María, decide reparar el viejo oratorio y el lienzo maltratado, otorgándole el mejor lugar de la capilla. Diariamente oraba y pedía a la Virgen del Rosario que se manifestara, hasta que el 26 de diciembre de 1586 cuando María salía del oratorio, una mujer indígena llamada Isabel junto a su pequeño hijo al pasar por el lugar le gritaron a María: “mire, mire Señora…”, al dirigir su mirada a la pintura ésta brillaba con resplandores y la imagen, que estaba irreconocible, se había restaurado con sus colores y brillo originales; los agujeros y rasguños de la tela desaparecieron. Desde entonces empezó la devoción a la advocación conocida como “Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá”.
El santuario fue confiado a la orden de los Dominicos, quienes construyeron un convento a su lado, guardando la imagen hasta tiempos presentes.
Capilla de la Renovación donde ocurrió el Milagro.
 Tras un fuerte terremoto, ocurrido en 1785, los frailes deciden construir una nueva basílica en otro lugar de la población y trasladar allí la imagen de la Virgen. Esto generó protestas por parte de los vecinos de Chiquinquirá. Pese a todo, la nueva iglesia se edificó y la imagen fue traslada en torno a 1823.
La devoción de la gente por esta imagen se evidencia en múltiples acontecimientos, que van desde las tradicionales “romerías” o grandes peregrinaciones hechas al lugar, pasando por la música popular, hasta hechos históricos protagonizados por personajes como virreyes, obispos y políticos, comenzando con el mismo Simón Bolívar, quien no sólo recibió para su campaña liberadora los tesoros y joyas del cuadro, sino que él mismo fue en varias ocasiones a orar por el éxito de su empresa. Finalmente, el gobierno de la República de Colombia decidió en 1919, consagrar el país a la Virgen de Chiquinquirá como su Reina y Patrona. El 9 de julio de 1919 el presidente Marco Fidel Suárez coronó a la Vírgen de Chiquinquirá como Reina de Colombia en una ceremonia realizada en la Plaza de Bolívar de Bogotá en presencia del Nuncio Apostólico y varios obispos.  El 3 de julio de 1986 el Papa Juan Pablo II visitó el santuario y oró por la paz de Colombia a los pies de la Virgen María. En algunas ocasiones la imagen ha sido trasladada con gran pompa, a la ciudad de Bogotá (unos 120 Km al sur) con el fin de pedir a Dios por el fin de guerras, catástrofes o epidemias. El último traslado de este tipo ocurrió en 1999. Fuente: wikipedia Youtube: Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

Papa Francisco: “Benedicto XVI ha hecho y hace teología de rodillas”

Con ocasión del 65º aniversario sacerdotal del Papa emérito, el 29 de junio de 1951, este martes se presentó en el Vaticano el libro “Enseñar y aprender el amor de Dios” que recoge textos de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI sobre el sacerdocio. Se trata del primer volumen de una colección de libros de Benedicto XVI sobre el sacerdocio del cual el Papa Francisco escribió el prefacio. La presentación se llevó a cabo durante la ceremonia en la Sala Clementina por el 65° aniversario de sacerdocio de Benedicto XVI y en la que participó el Papa Francisco. En el prefacio del libro, el Papa Francisco escribió: “Cuando leo las obras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI me resulta cada vez más claro que él ha hecho y hace ‘teología de rodillas’: de rodillas porque, antes incluso que ser un grandísimo teólogo y maestro de la fe, se ve que es un hombre que cree verdaderamente, que ora verdaderamente; se ve que es un hombre que personifica la santidad, un hombre de paz, un hombre de Dios”. Por este motivo, Francisco explicó que Joseph Ratzinger “encarna ejemplarmente el corazón de toda la acción sacerdotal: ese profundo enraizamiento en Dios sin el cual toda la capacidad organizativa posible y toda la presunta superioridad intelectual, todo el dinero y el poder resultan inútiles; él encarna esa constante relación con el Señor Jesús sin la cual nada es ya verdadero, todo se convierte en rutina, los sacerdotes en asalariados, los obispos en burócratas y la Iglesia deja de ser la Iglesia de Cristo y se convierte en un producto nuestro, una ONG a fin de cuentas superflua”. Además, el Papa Francisco aseguró sobre Benedicto XVI que “leyendo este volumen, se ve claramente como él mismo, en sesenta y cinco años de sacerdocio que hoy celebramos, ha vivido y vive, ha testimoniado y testimonia ejemplarmente esta esencia del actuar sacerdotal”. Asimismo, el Papa Bergoglio afirmó que “Benedicto XVI nos sigue testimoniando, quizás ahora, sobre todo, desde el Monasterio Mater Ecclesiae, en el que se ha retirado, de un modo todavía más luminoso, el ‘factor decisivo’, ese íntimo núcleo del ministerio sacerdotal que los diáconos, los sacerdotes y los obispos nunca deben olvidar, a saber, que el primer y el más importante servicio no es la gestión de los ‘asuntos corrientes’, sino rezar por los demás, sin interrupción, con alma y cuerpo, precisamente como lo hace hoy el Papa emérito… La oración, nos dice en este libro y nos testimonia Benedicto XVI, es el factor decisivo: es una intercesión de la que tienen más necesidad que nunca tanto la Iglesia como el mundo —y tanto más en este momento de verdadero y propio cambio de época—; tienen necesidad de ella como del pan, más que del pan”. Por último, Francisco se dirige a los sacerdotes y les dijo: “¡Queridos hermanos! Yo me permito decir que si alguno de ustedes tuviera en algún momento dudas sobre el centro del propio ministerio, sobre su sentido, sobre su utilidad, si en algún momento le vinieran dudas sobre lo que los hombres esperan verdaderamente de nosotros, medite profundamente las páginas que se nos ofrecen en este libro, porque los hombres esperan de nosotros sobre todo lo que en este libro encontraréis escrito y testimoniado: que les llevemos a Jesucristo y que les conduzcamos a Él, al agua fresca y viva, de la que tienen sed más que de cualquier otra cosa, el agua que solo Él puede regalarnos y que ningún sucedáneo podrá nunca remplazar; que les conduzcamos a realizar ese sueño más íntimo que tienen y que ningún poder podrá nunca prometerles ver cumplido”. (Mercedes De La Torre – Radio Vaticano). Texto completo del prefacio escrito por el Papa Francisco: Cuando leo las obras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI me resulta cada vez más claro que él ha hecho y hace «teología de rodillas»: de rodillas porque, antes incluso que ser un grandísimo teólogo y maestro de la fe, se ve que es un hombre que cree verdaderamente, que ora verdaderamente; se ve que es un hombre que personifica la santidad, un hombre de paz, un hombre de Dios. Y así él encarna ejemplarmente el corazón de toda la acción sacerdotal: ese profundo enraizamiento en Dios sin el cual toda la capacidad organizativa posible y toda la presunta superioridad intelectual, todo el dinero y el poder resultan inútiles; él encarna esa constante relación con el Señor Jesús sin la cual nada es ya verdadero, todo se convierte en rutina, los sacerdotes en asalariados, los obispos en burócratas y la Iglesia deja de ser la Iglesia de Cristo y se convierte en un producto nuestro, una ONG a fin de cuentas superflua. El sacerdote es aquel que «encarna la presencia de Cristo, testimoniando su presencia salvífica», escribe en este sentido Benedicto XVI en la Carta de proclamación del Año sacerdotal. Leyendo este volumen, se ve claramente como él mismo, en sesenta y cinco años de sacerdocio que hoy celebramos, ha vivido y vive, ha testimoniado y testimonia ejemplarmente esta esencia del actuar sacerdotal. El cardenal Ludwig Gerhard Müller ha afirmado con autoridad que la obra teológica de Joseph Ratzinger, antes, y de Benedicto XVI, después, lo sitúa en esa serie de grandísimos teólogos que han ocupado la cátedra de Pedro; como, por ejemplo, el papa León Magno, santo y doctor de la Iglesia. Renunciando al ejercicio activo del ministerio petrino, Benedicto XVI ha decidido ahora dedicarse totalmente al servicio de la oración: «El Señor me llama a “subir al monte” a dedicarme todavía más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar la Iglesia, más aún, si Dios me pide esto es propiamente para que pueda continuar sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con el que he tratado de hacerlo hasta ahora», ha dicho en el último y conmovedor Ángelus que ha rezado. Desde este punto de vista, a la justa consideración del Prefecto para la Doctrina de la Fe, querría añadir que quizás es precisamente hoy, como papa emérito, cuando él nos está impartiendo del modo más evidente una de sus más grandes lecciones de «teología de rodillas». Porque Benedicto XVI nos sigue testimoniando, quizás ahora, sobre todo, desde el MonasterioMater Ecclesiae, en el que se ha retirado, de un modo todavía más luminoso, el «factor decisivo», ese íntimo núcleo del ministerio sacerdotal que los diáconos, los sacerdotes y los obispos nunca deben olvidar, a saber, que el primer y el más importante servicio no es la gestión de los «asuntos corrientes», sino rezar por los demás, sin interrupción, con alma y cuerpo, precisamente como lo hace hoy el papa emérito: constantemente inmerso en Dios, con el corazón siempre dirigido a Él, como un amante que en cada instante piensa en el amado, haga lo que haga. Así, Su Santidad, Benedicto XVI, con su testimonio, nos muestra cuál es la verdadera oración: no la ocupación de algunas personas consideradas particularmente devotas y quizás tenidas por poco aptas para resolver problemas prácticos, para ese «hacer» que, sin embargo, los más «activos» creen que es el elemento decisivo de nuestro servicio sacerdotal, relegando así de hecho la oración al «tiempo libre». Orar no es tampoco simplemente una buena práctica para poner un poco en paz la propia conciencia, o solo un medio devoto para obtener de Dios lo que en un momento determinado creemos que sirve. No. La oración, nos dice en este libro y nos testimonia Benedicto XVI, es el factor decisivo: es una intercesión de la que tienen más necesidad que nunca tanto la Iglesia como el mundo —y tanto más en este momento de verdadero y propio cambio de época—; tienen necesidad de ella como del pan, más que del pan. Porque orar es confiar la Iglesia a Dios, con la conciencia de que la Iglesia no es nuestra, sino Suya, y que precisamente por esto él no la abandonará; porque orar significa confiar el mundo y la humanidad a Dios; la oración es la clave que abre el corazón de Dios, es la única que consigue introducir de nuevo a Dios siempre, continuamente, en este mundo nuestro, y es, a la vez, la única que consigue introducir de nuevo a los hombres y al mundo siempre, continuamente, en Él, como el hijo pródigo que vuelve a su Padre, lleno de amor por él, y no espera más que poder abrazarlo. Benedicto XVI no olvida que la oración es la primera tarea del obispo. Y así, orar verdaderamente va de la mano con la conciencia de que el mundo sin la oración no solo pierde rápidamente su orientación, sino también la auténtica fuente de la vida: «Porque sin la vinculación con Dios somos como satélites que han perdido su órbita y caemos como enloquecidos en el vacío, no solo desintegrándonos nosotros mismos, sino amenazando también a los demás», escribe Joseph Ratzinger, ofreciéndonos una de sus tantas estupendas imágenes esparcidas en este libro. ¡Queridos hermanos! Yo me permito decir que si alguno de vosotros tuviera en algún momento dudas sobre el centro del propio ministerio, sobre su sentido, sobre su utilidad, si en algún momento le vinieran dudas sobre lo que los hombres esperan verdaderamente de nosotros, medite profundamente las páginas que se nos ofrecen en este libro, porque los hombres esperan de nosotros sobre todo lo que en este libro encontraréis escrito y testimoniado: que les llevemos a Jesucristo y que les conduzcamos a Él, al agua fresca y viva, de la que tienen sed más que de cualquier otra cosa, el agua que solo Él puede regalarnos y que ningún sucedáneo podrá nunca remplazar; que les conduzcamos a realizar ese sueño más íntimo que tienen y que ningún poder podrá nunca prometerles ver cumplido. No es casualidad que la iniciativa de este volumen —junto con la de dar vida muy oportunamente a una Serie de libros temáticos sobre el pensamiento de Joseph Ratzinger / Benedicto XVI— haya partido de un laico, el profesor Pierluca Azzaro, y de un sacerdote, el reverendo padre Carlos Granados. A ellos va mi cordial agradecimiento, bendición y apoyo por el importante proyecto, junto con el reverendo don Giuseppe Costa, director de la Librería Editrice Vaticana, que publica la Opera Omnia de Joseph Ratzinger. No es casualidad, decía, porque el volumen que hoy presento está dirigido en la misma medida a los sacerdotes y a los fieles laicos; como magistralmente testimonia, entre tantas, esta página del libro que ofrezco a los religiosos y a los laicos como una última y segura invitación a la lectura: «Casualmente he leído en estos días un relato sobre estas cuestiones, en el que el gran escritor francés Julien Green describe las peripecias de su conversión. Cuenta él cómo en el período de entreguerras vivía tal como vive un hombre de hoy, con todas las permisividades que éste se da a sí mismo; ni mejor ni peor, esclavo de los placeres, que están ahí junto con Dios, de forma que, por una parte los necesita, para hacer soportable su vida, y al mismo tiempo encuentra insoportable esa vida. Él es un hombre que busca dónde podría encontrar una salida, establece algunas relaciones. Un día va a ver al gran teólogo Henri Bremond, pero el resultado es sólo una conversación de carácter académico, planteamientos de carácter teorético, que nada le ayudan. Entonces entra en relación con dos grandes filósofos, el matrimonio Jacques y Raissa Maritain. Raissa Maritain lo remite a un dominico polaco. Él se dirige a aquél y le describe la situación de su vida desgarrada. El sacerdote le dice: ¿Y está usted conforme con esa vida? ¡No, claro que no! A usted le gustaría vivir de otro modo, ¿se arrepiente? ¡Sí! Y entonces sucede algo inesperado. El sacerdote le dice: ¡Arrodíllese! Ego te absolvo a peccatis tuis, yo te absuelvo. Julien Green escribe: Entonces me di cuenta de que, en el fondo, siempre había estado esperando ese instante, siempre había estado esperando a que en cualquier momento hubiese alguien que me dijese: Arrodíllate, yo te absuelvo; me fui a casa, yo no era otro, no, finalmente había vuelto a ser yo mismo».
FUENTE: Radio Vaticana