info mision

MISIÓN DE SEMANA SANTA EN SAN ANTONIO (TOLIMA)

Del 8 al 16 de abril de 2017, diecinueve misioneros (niños, jóvenes, laicos, seminaristas y un sacerdote misionero) provenientes de Cali, Guapi, Jamundí, Ibagué, San Antonio, Bogotá, Cartagena y Bucaramanga le dijeron “Sí” a Cristo y se animaron a compartir de la misericordia de Dios con los habitantes de San Antonio de Calarma (Tolima) durante esta Semana Santa.

Leer Más

¡La invitación de Francisco para vos y yo!

Estas palabras del Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (números 2 y 3) merecen ser reportadas en todos los medios de comunicación que evangelizan. Dimensión Misionera cumple con tal deber, pues quien acepta su invitación seguramente se convertirá en un gran discípulo misionero de Jesús.

Leer Más

MISIONERAS DE LA CONSOLATA Y SU CAMINAR MISIONERO EN AMÉRICA

Del 16 al 28 de enero, 21 hermanas Misioneras de la Consolata (MC) provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Estados Unidos y Venezuela están reunidas en la Casa de Espiritualidad MC de Bogotá para dos grandes encuentros: el de las Superioras Regionales de América y el de las hermanas que acompañan a los pueblos indígenas.

Leer Más

Misioneros de la Consolata en América definen opciones y servicios

Definir un Proyecto Continental para los misioneros de la Consolata en América. Este es el objetivo de la Asamblea Continental Pre-capitular del Instituto Misiones Consolata (IMC) que se realiza esta semana, del 8 al 14, en Bogotá, Colombia.

Leer Más

FRANCIA: El imán de Normandia llora el asesinato de su amigo el cura

Los musulmanes locales: “Todas nuestras oraciones son para su familia y la comunidad católica”

El sacerdote Jacques Hamel

El Sacerdote Jacques Hamel (Foto Web De La Parroquia)

(ZENIT – Roma).- El presidente del Consejo regional del culto musulmán de la región de Alta Normandía, Mohammed Karabila, encargado de la mezquita de la ciudad de Etienne-du-Rouvray, se definió “horrorizado por la muerte de mi amigo”, el sacerdote Jacques Hamel, este martes en la iglesia. Dos individuos con arma blanca perpetraron el ataque contra la iglesia de la pequeña ciudad de Normandía, realizando una arenga, matando al sacerdote e hiriendo gravemente a otra persona. “Todas nuestras oraciones son para su familia y la comunidad católica” declaró el líder musulmán de la mezquita construida en el año 2000 en un terreno ofrecido por la parroquia católica de la ciudad. Refiriéndose al sacerdote señaló: “Es alguien que dio su vida por los demás. En la mezquita estamos anonadados” añadió. El sacerdote y el imán se conocían bien y habían tenido diversos encuentros, “desde las intervenciones públicas hasta en las salas de fiestas”, dijo. “Nosotros eramos parte de un comité interconfesional fundado hace 18 meses. Nosotros debatíamos sobre religión convivencia juntos”, añadió. Según el periódico Paris-Normadie, uno de los comités se reunió en diciembre del año pasado, en el que participaron unas doscientas personas, creyentes o no, sacerdotes, rabinos, musulmanes, militantes, asociaciones de barrio, reflexionaron sobre la idea de “vivir juntos”. “Hace 18 meses iniciaron a atacar a los civiles y ahora ellos apuntan a los símbolos religiosos y toman como pretexto nuestra religión. Esto no es posible” dijo. FUENTE: ZENIT

Monseñor Luis Augusto Castro, imc: artesano de la paz…

Monseñor Luis Augusto Castro, trabajador constante en la solución de conflictos, de posiciones vehementes y espíritu conciliador. Considerado como un auténtico misionero de la paz…

Presentamos a continuación algunos apartes de la entrevista realizada por la oficina de comunicaciones de la arquidiócesis de Bogotá, al actual arzobispo de Tunja y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga es Bogotano, nació el 08 de abril de 1942, tiene 74 años. Estudió en el Instituto San Bernardo De la Salle de Bogotá de la  Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y en el Seminario Menor de los Padres  Misioneros de la Consolata. Cursó los estudios de filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Estudió teología en la Universidad Urbaniana en Italia. Recibió la ordenación sacerdotal en Roma, el 24 de diciembre de 1967. Siendo sacerdote, realizó una especialización en orientación psicológica en la  Universidad de Plttsburg y obtuvo el doctorado en teología en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Entre 1973 y 1975 ejerció como vicario cooperador de la Parroquia de la Catedral y rector de la Universidad de la Amazonía en Florencia, departamento de Caquetá. Posteriormente, entre 1975 y 1978, monseñor Castro asumió como director del Seminario Mayor para los estudios de Filosofía del Instituto Misiones Consolata en Bogotá y simultáneamente Consejero Provincial. Entre 1978 y 1981 trabaja como superior provincial de su Instituto en Colombia. Luego, entre 1981 y 1986 es consejero general del mismo Instituto en Roma. De Roma al Caguán Monseñor Castro Quiroga el 17 de octubre de 1986 es consagrado como obispo titular y vicario apostólico en San Vicente del Caguán y Puerto Leguízamo, en los departamentos de Caquetá y Putumayo, labor que desempeñó por 13 años. Luego, el 4 agosto de 1995, ingresa a la Comisión de Conciliación Nacional y comienza una gira por diferentes municipios del país en pro de la paz y los diálogos. El 14 de marzo de 1998 fue nombrado Arzobispo de Tunja. Entre 2002 y 2005 fue Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. El 5 de julio de 2005 al 5 de julio de 2008 fue elegido Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Fue reelegido en el cargo de Presidente de la Conferencia Episcopal el 9 de julio de 2014 por un periodo de 3 años, a la fecha. Experiencias de trabajo duras, pero gratificantes por la labor cumplida Dialogar con monseñor Castro es llenarse de paz y de alegría, ante un cúmulo de experiencias de trabajo a favor de los más desprotegidos como indígenas y colonos de diferentes partes del país, con los que realizó un trabajo alrededor de la guerrilla, del narcotráfico y de muchas circunstancias que se vivieron en la región en aquella época. Entre los departamentos del Caquetá y el Putumayo, aprendió el difícil idioma de las negociaciones en medio del conflicto armado. Sin embargo la misión fue cumplida; se lograron construir comunidades cristinas”, aseveró. Es reconocido como un pastor auténtico que trabaja por el desarrollo de las comunidades, la protección a los más pobres y su inquebrantable vocación por la paz y la sana convivencia. Todos somos constructores de un nuevo país En noviembre de 2010, monseñor Castro recibió el premio nacional de paz honorífico, un importante reconocimiento a su labor en defensa de la vida y por la reconciliación. El premio fue otorgado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Pero de estos reconocimientos habla poco, es más casi ni los menciona, su sencillez es desbordante, por esta razón es un convencido que la paz se construye entre todos, volviendo a la sensibilidad del ser humano y por supuesto a la práctica de la misericordia, que para él es una acción, es verdaderamente, un arte. Conozca más detalles de la entrevista hecha a monseñor Luis Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, invitado especial de la arquidiócesis de Bogotá.
Fuente: Of. comunicaciones Arquidiócesis de Bogotá

29 años del martirio de Alejandro Labaka e Inés Arango

Coca – Ecuador, 21 de julio de 1987 – 21 de julio de 2016

Alejandro Labaka, Vicario de Aguarico, e Inés Arango, misionera, en la selva ecuatoriana.

El 21 de julio de 1987, el obispo capuchino Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango, dos misioneros en la Amazonia ecuatoriana, fueron matados por las lanzas de los nativos huaorani. Frente a la explotación de los recursos naturales de parte de las grandes compañías petroleras, el obispo había priorizado la vida de las personas y defendido con coraje los derechos de las minorías indígenas. Paradójicamente, los indígenas, que se sentían acorralados, mataron a los dos misioneros que les ofrecían su apoyo.
En 1966 «aparecieron» los últimos restos de un pueblo indígena, y les llamaron los tetetes. Al poco tiempo, estos pocos supervivientes volvieron a desaparecer selva adentro. Pero el padre Alejandro Labaka, responsable de los capuchinos que se habían encontrado con los tetetes, tomó en serio este hecho y reflexionó sobre dicha circunstancia: «La sociedad no suele preocuparse mucho de los pueblos pequeños, tienen otros problemas y se olvidan de la gente de la selva… pero los misioneros debemos creer en el Evangelio, allí Jesús dice que dejó las 99 ovejas para buscar una; los que son pocos tienen tanto valor como los muchos; Jesús se preocupó de los pequeños y abandonados. Así debemos hacer. Estas minorías indígenas son los más antiguos pobladores de Ecuador, son los verdaderos dueños de su país, los que estaban acá antes del Estado, muy anteriores a la República y a sus leyes, y debemos ayudar a que la sociedad los reconozca como los primeros ciudadanos, los respete, los ayude y los proteja». Durante 25 años se dedicó al acercamiento con los huaorano (o aucas), aprendiendo a vestir, a comer, a vivir como ellos y a hablar su lengua, el huao. Llegó a ser conocido y querido por todos los grupos huaorani, todos menos uno: los tagaeri, tribu irreductible que jamás había aceptado la intromisión de nadie en su territorio, que poco a poco se había visto acorralada y con menos territorio debido al trabajo de explotación de las compañías petrolíferas en la selva amazónica ecuatoriana. Precisamente por ello, monseñor Labaka se obsesionaba por compartir y ser aceptado por ellos. Además, realizó un trabajo de denuncia contra las compañías, instituciones y gobierno, constantemente cuestionados, en defensa de la vida y la cultura de los pueblos amazónicos. En junio de 1987, un mes antes del asesinato-martirio el él y de la hermana Inés, pasan varios días conviviendo con otros grupos huaorani «para mantener los lazos de amistad». El 10 y 11 de julio vuelan sobre la casa tagaeri descubierta poco antes, pero no encuentran a nadie. El día 17, después de arrojar unos regalos, encuentran a un grupo de ellos. Escribe: «Regresamos felices con los primeros signos de buena acogida». Esa misma tarde tiene una reunión con los altos representantes de Petrobrás (la compañía petrolera que estaba trabajando en la selva). No se sabe lo tratado en esa reunión, pero sí que el misionero salió preocupado y totalmente decidido a introducirse en el territorio de los tagairi. Quizás la compañía petrolera se mostró decidida a entrar inmediatamente en dicho territorio, dispuesta a todo para sojuzgar a los tagaeri. Resolvió poner en peligro su vida como único medio para defender la vida del grupo indígena de los tagaeri. Su plan sería el de convencerles de que cambiaran de lugar para evitar su exterminio. Así, pocos días después, el 21 de julio, desde un helicóptero alquilado, logra bajar junto a la hermana Inés, en un claro del bosque, hacia el sur de Coca. El helicóptero debía volver una hora más tarde, pero se perdió en la selva, así que volvió al día siguiente. No encontraron a nadie, sólo divisaron los cadáveres delante de la casa… El misionero aragonés Javier Aznárez, sacerdote y médico, preparó los cadáveres y dijo que contó 160 orificios en el cuerpo de monseñor y 67 en el de la madre Inés. Lo que les hicieron no puede llamarse crueldad, aunque pueda parecerlo, sino que son ritos de los huaos, difícilmente explicables, donde participan hombres y niños, como si mataran a un jabalí, con sus lanzas con 20 centímetros de punta y dentadas, que desgarran el cuerpo por dentro. Así fue todo: un día bajaron ambos en un claro de la selva, donde los indígenas estaban protegidos. Monseñor desciende primero y se despoja de sus ropas. Inés guarda en un bolsillo el paño que cubría su cabeza y se quita los zapatos. El helicóptero se aleja. Al día siguiente, al amanecer, monseñor yace sobre el tronco de un árbol derribado, con ochenta y cuatro lanzas taladrándole el cuerpo… y cerca de otros ochenta orificios en el cuerpo. Ella se halla sentada en la entrada de la casa de los indios, con veintiuna lanzas en su carne, nos hombros desencajados, los ojos en dirección al cadáver del obispo, la boca entreabierta. Hágase, Señor, tu voluntad. Alejandro quería de verdad a los indígenas y ese amor fue tan grande como para llevarle a dar la vida por ellos. Siempre fue consciente del peligro de vida que implicaba esta difícil misión. En 1965, su presencia en el Concilio Vaticano II le pareció circunstancia privilegiada y providencial para presentar a Pablo VI, con toda confianza, los temores que había manifestado a los superiores de la comunidad: «Tengo en la prefectura grupos esquivos y salvajes, conocidos con el nombre de aucas, que matan a los que entran en sus dominios y hacen también incursiones hacia las partes civilizadas donde siembran el terror con sus muertes». Quiso que el Papa se pronunciara sobre este acercamiento difícil y peligroso… Con carta de la secretaría de Estado se le contestó que su iniciativa respondía al «bien del Evangelio», pero lo que más significó para él fueron las palabras de Pablo VI en noviembre del 65: con una alentadora sonrisa le dijo «¡Ánimo, ánimo!» refiriéndose a su trabajo con los huaorani. Estaba poniendo sobre el tapete la cuestión de qué es más importante, qué es prioritario: la vida de unas personas o la explotación de unos recursos naturales. Para monseñor fue de absoluta prioridad la vida de los indígenas, y por eso se le puede considerar con toda verdad mártir de la defensa de la vida y la cultura indígena. Esto parecía entonces una locura, pero desde su muerte, sus palabras, su esfuerzo y su muerte han abierto un camino. Muere como huaorani, en defensa de los huaorani, matado por los huaorani, tendido como enemigo, confundido con sus enemigos… ASISTIR VIDEO: Alejandro e Inés “Testigos de la fe hasta el martirio”
Fuente: alejandroeines