La historia de los Misioneros de la Consolata en Asia tiene antiguas raíces y una realización histórica reciente. El fundador soñó con esto: “No veré, pero un día irán a China, India, Japón, Tibet…”. Se hizo un primer intento entre 1928-1929, pero algunos motivos hicieron que el proyecto se concretara 60 años después, cuando el 18 de enero de 1988 el Instituto envío los primeros cuatro misioneros a la diócesis de Incheon, en Corea del Sur.

Las esperanzas y expectativas del Instituto para el comienzo de su misión en Asia fueron grandiosas. Entre debates acalorados se decía: -“Tenemos que ir a Asia”, y en respuesta: -“No, hay mucho que hacer allá”, lo que llevaba a generar interrogantes como: -“¿Qué haríamos en Asia de todos modos?”. Valiéndose de encuestas a todos los misioneros y el posterior envío de algunos de ellos a países asiáticos para preparar el camino, se culmina con la solemne decisión tomada por el Capítulo General del Instituto en 1987 donde se proclamó: – “¡vayamos a Asia, vayamos a Corea!”.

COREA: UNA HISTORIA ENCANTADORA

 La decisión por Asia se tomó después de la llamada de San Juan Pablo II para contribuir en la evangelización del gran mundo asiático, y era claro que ir a Corea era la mejor opción para el Instituto, por ser un país en expansión social y económica, que contrastaba con el contexto cultural y religioso, y a su vez, se pensó que una vez allí, se podría crear una ruta de entrada a la China continental.

En ese momento se comenzó a soñar con ayudar a los más pobres, siguiendo el carisma del Instituto y permitiendo la reunión e integración con las grandes religiones de Asia de las que aún no se sabía mucho, pero que eran misteriosas. Así, se buscó ofrecer a la Iglesia local el hermoso testimonio de la vida religiosa y en comunidad, imbuida de comunión, oración y fraternidad por el Evangelio.

El idioma coreano demostró ser un hueso duro, que requirió entre 4 y 5 años de esfuerzo constante para aprenderlo. Otro factor interesante que permeaba a los misioneros de la Consolata en Corea fue la adaptación a la comida, los hábitos y las costumbres requirieron de buena voluntad y sacrificio. La misión, después del gradual dominio del idioma, se dio en espacios sociales, culturales y religiosos significativos: la inserción en la iglesia local, la animación misionera y vocacional, y el diálogo interreligioso como metodología misionera.

¡SOMOS PARA LOS NO CRISTIANOS!

 Después del Capítulo General de 1999, el Instituto refuerza su interés por el continente asiático, y es así como después de un discernimiento común, los misioneros y misioneras de la Consolata eligen a Mongolia para una nueva apertura, ya que, era un país que cumplía con los criterios requeridos para la evangelización: anuncio a los no cristianos, diálogo interreligioso y presencia de consuelo en poblaciones pobres. Los primeros misioneros y misioneras llegan a Mongolia en 2003 y se establecen en su capital, Ulaanbaatar, con la intención de hacer una misión conjunta, de comunión y servicio.

Mientras tanto, continúa la reflexión del Instituto sobre Asia y la oportunidad de enviar misioneros a China continental, y es así como se llega a Taiwán en 2014.

UN ESTILO DE MISIÓN

 Hay algunos puntos de referencia esenciales sobre los cuales se quieren construir el estilo particular de la misión en Asia, entre los que se encuentran: anuncio del Evangelio a los no cristianos, diálogo interreligioso e intercultural, espiritualidad y consolación desde una comunidad viva y fraterna en colaboración y comunión con la Iglesia local, con otras fuerzas misioneras presentes y con las fuerzas vivas del territorio. Las modalidades concretas que llevan este estilo de misión a la práctica, deben identificarse de acuerdo con las peculiaridades de cada país.

DATOS DE ASIA

Superficie: 44.397.460 km2 (32,63% del territorio mundial) Población: 4.436.000.000 Principales idiomas: árabe, bengalí, hindú, japonés, mandarín y ruso. Religiones: islamismo (21,9%), hinduismo (21,5%), budismo (9,5%), cristianismo (8,3%), otras (38,8%).

PRESENCIA IMC: Corea del Sur (1988), Mongolia (2003) y Taiwán (2014).

Fuente: Revista Dimensión Misionera, n° 336, 2018, pp. 16-17.