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Santa Sede confirma visita del Papa Francisco en septiembre de 2017

Así lo anunció el Nuncio Apostólico, monseñor Ettore Balestrero, durante una rueda de prensa que se celebró este viernes 10 de marzo en instalaciones de la Conferencia Episcopal. El Papa Francisco visitará Colombia del 6 al 10 de septiembre de 2017 y estará presente en Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena.

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Misioneros de la Consolata en América definen opciones y servicios

Definir un Proyecto Continental para los misioneros de la Consolata en América. Este es el objetivo de la Asamblea Continental Pre-capitular del Instituto Misiones Consolata (IMC) que se realiza esta semana, del 8 al 14, en Bogotá, Colombia.

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Comisión de obispos estará en la fase pública de diálogos con ELN

Ante el anuncio hecho por parte del Gobierno Nacional para hacer público el inicio de diálogo con el grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN), el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, dijo que una delegación de cinco obispos estará como apoyo acompañando esta fase.

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“Necesito sacerdotes que amen la misión”: Mons. Quintero Díaz

Sacerdotes que se le midan a todo, colaboración económica para solventar obras de evangelización y actualización de los presbíteros, son tres necesidades urgentes que debe resolver el Vicariato Apostólico de Leticia, así lo aseguró monseñor José de Jesús Quintero Díaz.

Nota Vicariato Apostólico de Leticia
ENTREVISTA MONSEÑOR JOSÉ DE JESÚS QUINTERO DÍAZ
En esta misma línea expresó que las obras de evangelización, concretamente capillas que se van construyendo requieren de un apoyo económico. Si bien Obras Misionales Pontificias (OMP) colabora con recursos, todavía hace falta más aportes para finalizar estas obras. La formación de los sacerdotes es otro requerimiento. El obispo aseguró que faltan recursos para la formación permanente en pastoral, liturgia y otras áreas fundamentales para cumplir la misión evangelizadora en la región. Este territorio todavía no cuenta con la posibilidad de sostener a los presbíteros, por ello la presencia, bajo colaboración, de los sacerdotes en este territorio solo será posible si las jurisdicciones costean los gastos de su manutención. “Aquí tenemos muchas limitaciones, pero si quieren venir les aseguro que no les faltará el pancito de cada día”, aseguró el prelado. Monseñor Quintero Díaz explicó que la necesidad de sacerdotes se debe a que en este territorio se ha presentado un éxodo de presbíteros debido a la falta de identidad con la región. “Muchos de los sacerdotes no hicieron su proceso en el vicariato”, añadió el obispo. Actualmente cuenta con un seminarista de origen indígena. Espera que en el futuro las diócesis puedan formar seminaristas con un perfil que se adecue a las necesidades de su región.
Para ver en alta resolución haga clic sobre la imagen Leticia cuenta con 12 parroquias que están ubicadas en el Amazonas (6), el Putumayo (3) y en el Caquetá (3). Por la topografía de la región solo dos transportes sirven para el desplazamiento: lanchas con motor fuera de borda y aviones. Explicó que el transporte más costoso es la lancha y que los vuelos suelen salir cada 15 días. A nivel social esta región no está exenta de la pobreza, la precariedad en la educación y la salud, sin embargo tiene fortalezas que le permiten subsistir, como por ejemplo la solidaridad y la riqueza natural. Comentó que permanentemente se realizan brigadas de salud entre Colombia, Brasil y Perú. Expresó que una de sus preocupaciones es la de apoyar a los pobladores para que puedan completar sus estudios básicos y en algunos casos superiores. Aseguró que esta región “está libre” del flagelo de la violencia. Monseñor José de Jesús Quintero Díaz fue nombrado Vicario Apostólico de Leticia el 2 de febrero de 2001  por San Juan Pablo II. Fuente: CEC

Monseñor Luis Augusto Castro, imc: artesano de la paz…

Monseñor Luis Augusto Castro, trabajador constante en la solución de conflictos, de posiciones vehementes y espíritu conciliador. Considerado como un auténtico misionero de la paz…

Presentamos a continuación algunos apartes de la entrevista realizada por la oficina de comunicaciones de la arquidiócesis de Bogotá, al actual arzobispo de Tunja y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga es Bogotano, nació el 08 de abril de 1942, tiene 74 años. Estudió en el Instituto San Bernardo De la Salle de Bogotá de la  Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y en el Seminario Menor de los Padres  Misioneros de la Consolata. Cursó los estudios de filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Estudió teología en la Universidad Urbaniana en Italia. Recibió la ordenación sacerdotal en Roma, el 24 de diciembre de 1967. Siendo sacerdote, realizó una especialización en orientación psicológica en la  Universidad de Plttsburg y obtuvo el doctorado en teología en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Entre 1973 y 1975 ejerció como vicario cooperador de la Parroquia de la Catedral y rector de la Universidad de la Amazonía en Florencia, departamento de Caquetá. Posteriormente, entre 1975 y 1978, monseñor Castro asumió como director del Seminario Mayor para los estudios de Filosofía del Instituto Misiones Consolata en Bogotá y simultáneamente Consejero Provincial. Entre 1978 y 1981 trabaja como superior provincial de su Instituto en Colombia. Luego, entre 1981 y 1986 es consejero general del mismo Instituto en Roma. De Roma al Caguán Monseñor Castro Quiroga el 17 de octubre de 1986 es consagrado como obispo titular y vicario apostólico en San Vicente del Caguán y Puerto Leguízamo, en los departamentos de Caquetá y Putumayo, labor que desempeñó por 13 años. Luego, el 4 agosto de 1995, ingresa a la Comisión de Conciliación Nacional y comienza una gira por diferentes municipios del país en pro de la paz y los diálogos. El 14 de marzo de 1998 fue nombrado Arzobispo de Tunja. Entre 2002 y 2005 fue Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. El 5 de julio de 2005 al 5 de julio de 2008 fue elegido Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Fue reelegido en el cargo de Presidente de la Conferencia Episcopal el 9 de julio de 2014 por un periodo de 3 años, a la fecha. Experiencias de trabajo duras, pero gratificantes por la labor cumplida Dialogar con monseñor Castro es llenarse de paz y de alegría, ante un cúmulo de experiencias de trabajo a favor de los más desprotegidos como indígenas y colonos de diferentes partes del país, con los que realizó un trabajo alrededor de la guerrilla, del narcotráfico y de muchas circunstancias que se vivieron en la región en aquella época. Entre los departamentos del Caquetá y el Putumayo, aprendió el difícil idioma de las negociaciones en medio del conflicto armado. Sin embargo la misión fue cumplida; se lograron construir comunidades cristinas”, aseveró. Es reconocido como un pastor auténtico que trabaja por el desarrollo de las comunidades, la protección a los más pobres y su inquebrantable vocación por la paz y la sana convivencia. Todos somos constructores de un nuevo país En noviembre de 2010, monseñor Castro recibió el premio nacional de paz honorífico, un importante reconocimiento a su labor en defensa de la vida y por la reconciliación. El premio fue otorgado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Pero de estos reconocimientos habla poco, es más casi ni los menciona, su sencillez es desbordante, por esta razón es un convencido que la paz se construye entre todos, volviendo a la sensibilidad del ser humano y por supuesto a la práctica de la misericordia, que para él es una acción, es verdaderamente, un arte. Conozca más detalles de la entrevista hecha a monseñor Luis Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, invitado especial de la arquidiócesis de Bogotá.
Fuente: Of. comunicaciones Arquidiócesis de Bogotá

20 de julio: Iglesia invita a soñar y construir paz

Te Deum - fiesta de independencia 2016

El obispo castrense de Colombia, monseñor Fabio Suescún Mutis, animó a todos los colombianos a construir juntos la paz, a soñar con un país que busque el bien común y que piense y viva en paz. Así lo manifestó durante la celebración del Te Deum en el marco de los 206 años del grito libertario de nuestro país. En la ceremonia litúrgica, que contó con la presencia del presidente de la República, Dr. Juan Manuel Santos y autoridades civiles y eclesiásticas, el prelado aseguró que el camino de la paz no es la del olvido. “Debemos purificar la memoria y poder ocupar nuestro tiempo en mirar hacia adelante, porque está sucediendo ‘algo nuevo’, está sucediendo algo absolutamente diferente”, afirmó. Invitó a “dejar una Colombia mejor de la que encontramos” y a trabajar juntos en el sueño de la paz. “Estamos convocados a trabajar juntos. Estamos inventando la paz, y lo estamos haciendo dándole contornos definidos al Bien Común”, puntualizó el prelado. Monseñor Suescún Mutis aseguró que en el país sí se quiere la paz, pero “una buena paz” que implica “enamorarse del sentido de la vida y saber que el convencimiento cultural y religioso del ‘no matar’ implica el rostro del Bien Común, es decir el progreso”. El obispo pidió que los colombianos nos alejemos de los factores que conducen a ser agentes e instrumentos  de muerte. “El camino que hemos de recorrer no será fácil, pero lo recorreremos reconciliados y en la presencia de nuestro Dios que está lleno de misericordia con nosotros”, afirmó. Reiteró que la paz no es olvido, por ello animó a que los colombianos no nos quedemos en nuestras heridas, sino que salgamos aceptando la misión encomendada de ser mensajeros de la paz. En este marco, destacó el periodo de los acuerdos como un “tiempo apasionante” donde los colombianos tenemos la tarea de ser artesanos de la paz. “Cada quien ha de cumplir con el aporte que le corresponde actuando de manera transparente lejos de la corrupción, sabiéndose responsable de educar e y para la paz en la familia, en la escuela, en la empresa, en las oficinas públicas y privadas”, aseguró. Finalmente invitó a tomar conciencia de la responsabilidad de decidir sobre la sociedad que se va construir.”Es urgente decidir qué sociedad vamos a construir a fin de que el pasado que queda hoy atrás no sea protagonista de una dolorosa parábola de retorno”. Descargar: intervención de Mons. Fabio Suescún
Fuente: CEC

El grito de La Independencia de Colombia

El 20 de julio de 1810 fue el inicio de unos sucesos determinantes que cambiaron la historia de lo que hoy conocemos como Colombia.

1810

Nadie sabía exactamente qué iba a pasar el 20 de julio de 1810, pero se podía percibir una atmósfera de que algo ocurriría. Fue un viernes, día de mercado y todo el pueblo caminaba por las calles de Santa Fe.

Después de la abdicación del monarca español Fernando VII tras la invasión francesa a España en 1808, llevada a cabo por parte de Napoleón Bonaparte, en España se organizaron juntas de gobierno a nivel local para resistir al invasor y, a la vez, gobernar en ausencia del rey depuesto. Estas juntas pronto uniéndose organizaron un gobierno “alterno” al gobierno de ocupación impuesto por Napoleón.

Este gobierno alterno tenía representantes de todas las provincias de toda España y también de sus colonias. Sin embargo, la representación de las colonias era inferior a la de los reinos españoles. En el caso de las colonias americanas había sólo 9 representantes en contraste con los 36 de la península. Esto hizo que en América se buscara o una mayor representación o una mayor autonomía, e incluso Independencia de la metrópoli.

Ya en 1809 se habían producido los primeros gritos de libertad en la América española, en lo que hoy es Ecuador y Bolivia. En la Nueva Granada se habían gestado de manera similar, y ciudades como Cartagena y Mompos habían conformado juntas independentistas que buscaban mayor autonomía e incluso una independencia absoluta de España

En la provincia de Santa fe se había creado una junta de notables integrada por autoridades civiles e intelectuales criollos. Los principales personeros de la oligarquía criolla que conformaban la junta eran: José Miguel Pey, Camilo Torres, Acevedo Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales, entre otros.

Estos comenzaron a realizar reuniones sucesivas en las casas de los integrantes y luego en el observatorio astronómico, cuyo director era Francisco José de Caldas. En estas reuniones empezaron a pensar en la táctica política que consistía en provocar una limitada y transitoria perturbación del orden público y así aprovechar para tomar el poder.

La junta de notables propuso entonces crear un incidente con los españoles, a fin de crear una situación conflictiva que diera salida al descontento potencial que existía en Santafé contra la audiencia española. Lo importante era conseguir que el Virrey, presionado por la perturbación del orden, constituyera ese mismo día la Junta Suprema de Gobierno integrada por los regidores del Cabildo de Santafé.

Don Antonio Morales manifestó que el incidente podía provocarse con el comerciante peninsular don José González Llorente y se ofreció “gustoso” a intervenir en el altercado. Los notables criollos aceptaron la propuesta y decidieron ejecutar el proyecto el viernes, 20 de julio, fecha en que la Plaza Mayor estaría colmada de gente de todas las clases sociales, por ser el día habitual de mercado.

Se convino que un grupo de criollos (encabezados por Pantaleón Santamaría y los hermanos Morales) fueran el día indicado a la tienda de Llorente a pedirle prestado un florero o cualquier clase de adorno que les sirviera para decorar la mesa de un anunciado banquete en honor a otro criollo destacado, Antonio Villavicencio. En el caso de una negativa, los hermanos Morales procederían a agredir al español.

A fin de garantizar el éxito del plan, si Llorente entregaba el florero o se negaba de manera cortés, se acordó que don Francisco José de Caldas pasara a la misma hora por frente del almacén de Llorente y le saludara, lo cuál daría oportunidad a Morales para reprenderlo por dirigir la palabra a un “chapetón” enemigo de los americanos y dar así comienzo al incidente.

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 Y llegó el 20 de julio

Poco antes de las doce del día, como estaba previsto, se presentaron los criollos ante Llorente y después de hablarle del anunciado banquete a Villavicencio, se le pidió prestado la pieza para adornar la mesa. Llorente se negó, pero su negativa no fue dada en términos despectivos o groseros. Se limitó a explicar diciendo que la había prestado varias veces y ésta se estaba maltratando y por lo tanto, perdiendo su valor.”Según cuentan algunos testigos, los criollos fueron al almacén de Llorente a pedirle prestada una pieza. Algunos dicen que fue un ramillete, otros un farol y otros un florero, con el fin de adornar la mesa de Antonio Villavicencio. Llorente se resiste porque dice que la pieza está maltratada y en mal estado. Se arma el tumulto y se convoca a un cabildo abierto poniéndose en sintonía con lo que ocurre en las otras provincias de la Nueva Granada y lo que ocurre en las otras colonias españolas”, cuenta Daniel Castro, director del Museo de la Independencia, lugar donde ocurrieron los hechos del 20 de julio y donde aún reposa una parte de la pieza que los criollos fueron a pedir prestada.

Entonces intervino Caldas, quien pasó por frente del almacén y saludó a Llorente, lo que permitió a don Antonio Morales, como estaba acordado, tomar la iniciativa y formular duras críticas hacia Llorente. Morales y sus compañeros comenzaron entonces a gritar que el comerciante español había respondido con palabras contra Villavicencio y los americanos, afirmación que Llorente negó categóricamente.

Mientras tanto los principales conjurados se dispersaron por la plaza gritando: ¡Están insultando a los americanos! ¡Queremos Junta! ¡Viva el Cabildo! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas! La ira se tomó el sentir del pueblo.

Indios, blancos, patricios, plebeyos, ricos y pobres empezaron a romper a pedradas las vidrieras y a forzar las puertas. El Virrey, las autoridades militares y los españoles, contemplaron atónitos ese súbito y violento despertar de un pueblo al que se habían acostumbrado a menospreciar.

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El Acta de Independencia

La revolución no tuvo entonces las proyecciones que eran de esperarse porque gran parte de los que intervenían eran indios y habitantes de las poblaciones de la Sabana, que debían regresar a sus pueblos. Cosa que indujo a Acevedo Gómez, uno de los jefes de la oligarquía criolla, a reunir a algunos del Cabildo y declararse investido del carácter de “tribuno del pueblo”. Construyó la famosa Junta de Gobierno con la cual sustituiría el virreinato, firmando el Acta de Independencia.

La llamada “Acta de Independencia” de Santa fe no era realmente una declaración propiamente de independencia, pues como lo afirma el mismo documento, esta no pretendía (en nombre de la Nueva Granada) “abdicar los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo a otra persona que a la de su augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII”. En contraposición, otras “actas de independencia”, como la que se promulgó en la ciudad de Mompos (del 6 de agosto de 1810) sí buscaron una real independencia de España.

Según el historiador colombiano Germán Mejía, “El 20 de julio es un movimiento bogotano, local, y genera un problema inmediato que además tiene pretensiones sobre las otras juntas que se estaban dando en el país. La pretensión consistía en definir lo que iba a ser el territorio de la Nueva Granada. Es el triunfo del centralismo sobre la realidad de las provincias de principios del siglo XIX. Los criollos tuvieron el papel de construir la primera República. El 20 de julio que nosotros entendemos hoy en día es el fabricado a finales del siglo XIX y no lo que sucedió a comienzos de este siglo”.

El episodio ocurrido el 20 de julio sintetizó las contradicciones del imperio español: corona- reinos, criollos-peninsulares y finalmente metrópoli-colonias. La independencia de Nueva Granada y sus proyectos estado nación serían supuestamente el resultado y la solución de estas tensiones.

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Video del Profesor Súper O

Descubre cómo ocurrieron los hechos del 20 de julio narrados por el Prfesor Súper O y la Sevichica.

¿Y el florero del museo fue el mismo por el que se armó la furrusca del 20 de julio?

FUENTE: Taringa

Poner nuestra mirada en la Amazonía

Proyecto Panamazónico de la Compañía de Jesús (jesuitas)

Nuestra Casa Común clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla”. panamazonia sjAsí nos interpela el Papa Francisco en los dos primeros números de la Encíclica ‘Laudato Si’. Más adelante, nos hace un importante llamado: “El desafío urgente de proteger nuestra Casa Común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar.  La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra Casa Común” (N° 13). También nos ayuda a tomar conciencia de que “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social… Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (N° 48 y 49). Los jesuitas de América Latina y el Caribe hemos hecho una clara opción por la Amazonía. En el PAC (Proyecto Atólico Común) se ha definido una importante línea de acción: “Apoyar la misión de la Compañía de Jesús en la Amazonía y la coordinación de acciones de las Provincias y Regiones que tienen obras y comunidades en ella”. De esta línea de acción ha surgido la propuesta de realizar el PROYECTO PANAMAZÓNICO, que centra su objetivo en que “contribuyamos, de manera articulada, desde lo local y con una mirada global, en la defensa y promoción de la vida, los derechos y los territorios de los pueblos indígenas y de un ambiente sostenible en la región Panamazónica”. Este Proyecto se está realizando dentro de otra importante articulación: con todas las circunscripciones eclesiásticas y comunidades religiosas de la Iglesia Católica de la Región, a través de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM). Esta gran Red ha ido surgiendo con un profundo sentido de esperanza y con un gran deseo de respetar y proteger la vida que se nos ha dado en forma gratuita. Es necesario que todos nosotros pongamos nuestra mirada en la Amazonía, no sólo como un imperativo que surge del llamado del Papa Francisco y de los Provinciales de América Latina y el Caribe, sino como una verdadera manifestación de nuestra sensibilidad por la vida y por el cuidado del más bello regalo que nos ha hecho Dios: la humanidad y la naturaleza. Algunas de nuestras Obras Transversales de la Provincia ya han tomado la iniciativa de ir a visitar la Comunidad jesuita de la CPAL que vive en Leticia (Amazonía Colombiana), con el ánimo de irse vinculando a la propuesta del Proyecto Panamazónico. Hace unos días yo pude ir a Leticia y visitar personalmente a los jesuitas que están llevando adelante este Proyecto. Pude sentir y gustar de cerca los importantes avances que ya se está llevando a cabo; ellos son la confirmación de estar acertando en la realización de la Voluntad de Dios. Quiero invitarlos para que muchos más nos interesemos por este Proyecto, de tal manera que busquemos generar las articulaciones necesarias para avanzar en el trabajo por la defensa de la vida, los derechos y los territorios de los pueblos indígenas y de un ambiente sostenible en esta región. La Amazonía es un territorio clave para el futuro de toda la humanidad. Nuestro compromiso con sus habitantes originarios y con la biodiversidad que allí existe, es una clara manifestación de que nos unimos de corazón a Dios, quien trabaja incansablemente para que la vida sea plena. Carlos E. Correa, S.J. – Provincial Fuente: REPAM

“No necesitamos sacerdotes super apóstoles, sino misioneros”

Así lo aseguró monseñor, Héctor Javier Pizarro Acevedo, Vicario Apostólico de Trinidad, quien en una entrevista ha comentado que una de las principales necesidades en su jurisdicción es la de contar con sacerdotes para que lleguen a los lugares más alejados de este territorio, que está ubicado en el departamento de Casanare.

Vicariato Apostólico de Trinidad

“El misionero tiene una característica muy particular: es un hombre que con muy pocos recursos ingenia muchas cosas para sembrar el Evangelio”, aseguró el prelado que dirige esta jurisdicción hace 15 años. Trinidad tiene una superficie de 27 mil kilómetros y una población de 45.500 habitantes. Según datos de catholic-hierarchy.org el 87.3% profesa la religión católica. En ese contexto, se cuenta con 16 sacerdotes y seis parroquias, además de la presencia de dos comunidades religiosas. “Pedimos al Señor para que nos siga llegando vocaciones, ojalá sean autóctonas, porque realmente la falta de sacerdotes hace que otras instituciones religiosas ocupen esos espacios”, comentó el prelado. ENTREVISTA: HECTOR JAVIER PIZARRO ACEVEDO
La realidad de Trinidad no es distinta a la de otros territorios. Allí se percibe la pobreza y los recuerdos de la violencia que el paramilitarismo sembró. Si bien hubo dejación de armas, todavía en algunos lugares se viven episodios de extorsiones y cobro de vacunas a los ganaderos. La acción pastoral en esta jurisdicción tiene que sortear estas realidades. Una de las debilidades es que las vías de transporte son precarias, por ello los sacerdotes deben hacer grandes recorridos para llegar a las comunidades. “Las distancias son una gran dificultad que tenemos porque no hay vías de comunicación buenas que permitan llegar a los sacerdotes a las veredas grandes, a pesar de los esfuerzos que se han realizado por mejorar”, aseguró monseñor Pizarro Acevedo.
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En este territorio no se puede negar la pobreza que afecta a la población, sin embargo esta pobreza hay que dimensionarla correctamente, por ejemplo la pobreza en las instituciones educativas, la distribución de la tierra e incluso el uso correcto de los ingresos económicos por parte de la población. “Yo no creo que haya una pobreza extrema en Casanare, la gente tiene mas o menos modos de vida, pero cuando hablas de otras pobrezas, como por ejemplo las institucionales esas sí son las más graves. La educación realmente necesita una recomposición para que todos tengan oportunidades, la distribución justa de la tierra y los ingresos que generan las empresas de hidrocarburos en la vida familiar no siempre es bien empleado”, explicó el obispo. Finalmente expresó su deseo porque el proceso de paz que se está construyendo genere beneficios para sectores deprimidos del país y que con ello existan mejores condiciones de vida. Fuente: CEC