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Fiesta de Nuestra Señora la Consolata

Mensaje del Padre General

Queridos misioneros, misioneras, familiares, amigos y bienhechores: En este año especial de la misericordia es hermoso pensar y mirar a nuestra Madre como Madre de la misericordia. La Bula de la convocación del Jubileo Misericordiae vultus nos invita a entrar por la puerta de la misericordia, a mirarnos con ternura a nosotros mismos y a los otros. Ciertamente todos tenemos mucho que aprender de nuestra Madre, aprender a ser misericordiosos con nosotros mismos y con nuestra gente. Que este año, que esta fiesta sea para nosotros una escuela de misericordia a fin de que nuestra misión viva y realice solamente misericordia: “No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para ver las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Que nuestras manos estrechen sus manos, que los atraigamos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y fraternidad. Que su grito sea nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que con frecuencia reina soberana para esconder la hipocresía y el egoísmo”(Bula de convocación del Jubileo, Misericordiae Vultus, n. 15). María es Madre de la Misericordia. Como escribe el papa Francisco: “Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne» (Bula de convocación del Jubileo, Misericordiae Vultus, n. 24). María cantó la verdad de las Escrituras antiguas según las cuales de generación en generación la misericordia del Altísimo se extiende sobre los que le temen (cf. Lc 1, 50) y en el seguimiento cotidiano del Hijo aprendió de Él, especialmente al pie de la cruz, el estilo de perdón y de misericordia. A los pies de la cruz, en efecto, aceptó con generosidad la responsabilidad aún mayor de ser la madre de los creyentes y de cooperar en la realización del proyecto de Dios sobre la humanidad: reunificar en fraternidad a los hijos de Dios separados por el odio y por el pecado. María celebró la misericordia del Altísimo no solo en su vicisitud personal, sino también ofreciéndola como esperanza al mundo y a las expectativas de la historia. Su cántico de alabanza continúa en el tiempo y resuena aún hoy en la Iglesia y en nuestro Instituto por haber sido llamados a anunciar el Evangelio de la misericordia y del perdón de ‘generación en generación’. Necesitamos el apoyo de los sentimientos de la Virgen María, que con sus rasgos de auténtica feminidad, sabe indicarnos el debido cuidado de las relaciones, sabe acariciar nuestros rostros necesitados de perdón, dirigirnos dulcemente la llamada a dejarnos reconciliar con la Vida, a testimoniar el Evangelio de la misericordia y entonar el cántico que renueva al mundo: «Mi alma engrandece al Señor» (Lc 1, 46). La misericordia es el modo con el que podemos llamar y pasar humildes y confiados la puerta del otro. Jubileo como abrir puertas. Pero no puedes olvidar la precedencia: si pasamos una puerta es porque Dios nos ha precedido pasándola por cada uno de nosotros. Nuestra misericordia comienza en la misericordia de Dios. Él, que se adelantó y pasó la puerta hacia ti, te ha mostrado su rostro. Demasiado tiempo hemos estado anunciando a un Dios impasible, alejado, allá arriba, y bastante menos a un Dios que sufre en sus entrañas por nuestra fragilidad y nuestro pecado. Sintiéndolo en sus entrañas, dice el Antiguo Testamento, como le sucede a una mujer cuando lleva en su seno un hombrecito. Así Dios. Nos siente en sus entrañas cuando todavía nosotros no nos sentimos la llamada en la vida a nuestra conversión. Y es este el escándalo del Evangelio. Jesús pasaba la puerta antes de que los pecadores se convirtieran. Obrando así se hacía insoportable. Insoportable la idea de aquello que sucedió un día con Zaqueo, pero esa fue una vez entre otras muchas, en que se sentó a comer con publicanos y pecadores. Misericordia no significa hacer que llueva del cielo una especie de compasión, algo así como si dijéramos: “¡Oh, pobrecito!”. No es esta la misericordia de Dios. La misericordia reconoce y apuesta por la belleza que hay en cada persona. Dios reconoce nuestra dignidad vistiéndonos. Lo hizo así con Adán y Eva, y lo cuenta Jesús narrando la historia de un padre que organizó una gran fiesta por el hijo que se había ido, volvió y le vistió con un traje luminoso. No de arriba abajo, sino de abajo arriba. Misericordia es arrodillarse. Acude a mi memoria, como un icono, Jesús inclinado hacia el suelo el día que le llevaron, como si se tratara de un objeto, a una mujer sorprendida en adulterio. Jesús, en confrontación con los escribas y fariseos, quienes, como jueces sin piedad, querían que se apedreara a la mujer, ¿qué dijo y qué hizo? “Quien de vosotros esté sin pecado, que se adelante a arroje la primera piedra contra ella”. Y seguidamente, después de haber escrito palabras secretas en el suelo, en la arena, se alzó y dijo “Mujer, ¿ninguno te ha condenado? Tampoco yo te condeno. Ve, y desde ahora no peques más”. Desde su altura, escribas y fariseos la condenaban; Él,, desde abajo “practicaba la  misericordia”. Aquel día hubo misericordia sobre la arena. Allí estaba Jesús misericordioso inclinado . Si tú no te inclinas, solo dices con los labios misericordia, pero no la practicas. La mujer oyó palabras pronunciadas por alguien a escasos centímetros de su rostro; las demás procedían de los rascacielos, desde donde procede la falta de piedad. Pasaré por un soñador, pero no consigo dejar de imaginarme puertas santas; en las casas y por los caminos voy también viendo puertas santas donde alguien nunca podría. ¿No ha dejado claro esto el papa Francisco cuando, dirigiéndose a los presos, ha escrito: “Que cada vez que pasen por la puerta de su celda, dirigiendo el pensamiento y la oración al Padre, pueda ese gesto significar para ustedes el paso de la Puerta santa”?Camino y veo puertas santas. Que María, madre de misericordia, «Ella que fue llamada a entrar en las profundidades de la divina misericordia, interceda por nosotros y nos obtenga vivir y caminar siempre en el perdón de Dios y en la indestructible confianza en su amor». (Bula de convicación del Jubileo, Misericordiae Vultus, n.12). ¡Buena misericordia, seamos misericordiosos, sé misericordioso! ¡Ánimo y adelante in Domino! ¡Feliz fiesta de la Misericordiosa Consolata!

Oremos

Repitamos juntos: De la dureza del corazón, líbranos, Señor.
Perdónanos, Señor, por cuando no sabemos soportar a quien tenemos al lado o le soportamos de modo falso e hipócrita. Oremos.
Perdónanos, Señor, por cuando no conseguimos acercarnos a los problemas de los otros, cerrados en nuestros problemas y en nuestros pensamientos. Oremos.
Perdónanos, Señor, por cuando vivimos en nuestro mundo perfecto y no dejamos que se perturbe nuestra vida por otras historias, otras personas, otras humanidades. Oremos.
Ayúdanos, Señor, a saber ir al encuentro de los otros, especialmente de los más pobres, abandonados e indefensos allí donde se encuentran. Oremos.
Ayúdanos, Señor, a ver en los otros tu rostro y a tratarlos como si fueran Tú. Oremos.
Ayúdanos, Señor, a no caminar nunca solos, para recordarnos de que cada uno de tus hijos es único, irrepetible y amado
por Ti. Oremos.

Acción

Para que la misericordia sea vida: tratar de realizar alguna obra de misericordia con el fin de que a las palabras siga la vida. Será este el regalo más hermoso para la fiesta de nuestra Madre Consolaba. Con la felicitación más sincera.

Pequeña oración a la Consolata

Madre querida:

sandrio Quisiera escribirte esta carta, mejor dicho, esta oración. Escúchame otra vez, Consolata, pues te necesito, necesito tu ternura, necesito tu mano.  Te hablo, Madre, desde los colores de esta tierra, con los negros, los indígenas y mestizos.  Te hablo, Madre, desde un pasado, desde una historia hecha de sangre y flores, de guerras y encuentros, de amores y odios. Te hablo, Madre, desde los plantíos de yuca, de maíz, de papas, de bananos, del café y del chontaduro. Te hablo, Madre, desde las montañas, las cordilleras, los ríos, las cumbres. Te hablo, Madre, desde la cultura donde habito, pues yo sé, Madre, que me has invitado desde esta cultura a abrirme para el mundo. Te hablo, Madre, porque, también tú y yo estamos inmersos en esta cultura americana. Te hablo desde Colombia, Madre, desde las tierras de Cali, desde la pastoral afro descendiente, desde la comunidad formativa. Te hablo, Madre, desde los rincones de mi corazón, donde empieza a crecer el sonido de la Marimba, del cununo, del guasa. Es tan lindo Madre, escúchanos, es tan hermoso María, es tan bueno saber que nos escuchas desde lo que somos. Ves, Madre, allá vienen nuestros ancestros, porque,  también ellos te amaron. Ves, Madre, allá están nuestras raíces, nuestra cultura y allá está tu hijo, Madre .Otra vez Él nos llama, pero la barca donde ahora vamos es nuestra forma de ser, es lo que somos, es la cultura, Madre. Ya no te encuentro en el santuario, Madre, pero te encuentro en nuestras mesas, en nuestra danza, en nuestras celebraciones, en las mingas y alabados.  Ya no te busco en las iglesias, Madre, pero te contemplo en el caminar de la gente, en los pasos cansados de los trabajadores, en los jóvenes yendo a la universidad, en los vendedores de la calle, en el habla del pueblo, en los acentos, en las tardes calientes. Te veo, Madre, y te descubro en los rostros de los hombres y mujeres que encuentro en el camino. Ya no te busco en los libros de teología, Madre, mejor dicho, ya no sé la teología de los libros; mi teología lleva el sudor de los días, la violencia, las guerras, las luchas, el sufrimiento. Es que otra vez, Madre, tu hijo va a ser crucificado por aquí, en tantos hombres y mujeres cuyas vidas son quitadas, cosificadas, traficadas. Mi teología, Madre, comprende todo esto, pero, también, lleva el atardecer, el olor de las arepas, el sabor del san cocho, las noches estrelladas, las montañas del valle, el rio Cauca, en el canto del ballenato, el abrazo de los misioneros, el vuelo de las mariposas, el olor de las flores y la música del Pacifico. Te hablo, Madre, desde los sonidos que empiezan a habitar en mi corazón y no quisiera pedirte nada, solo invitarte, Madre. Ven, Consolata, junto a tu hijo ven a bailar con nosotros. Ven, Madre, y baile nuestra salsa, nuestro bunde, nuestro currulao, todos nuestros ritmos. Ven, Madre, pues acá te esperamos, acá te necesitamos. Mira cómo es linda esta danza, Madre, cómo lucen nuestros jóvenes, oye cómo cantan los abuelos, cómo acá te celebramos… Madre Consolata, no se haga presente sólo en nuestra labor, en nuestro luto, en nuestro sufrimiento, sino, también, en nuestra fiesta. Madre del señor, acá danzamos, tomados de las manos, bailemos y caminemos.

Jóvenes Misioneros de la Misericordia

Cartagena 15 jóvenes universitarios, 7 seminaristas de filosofía y los formadores desde el domingo 5 de junio hasta el domingo 19 de junio estuvieron de misión en la Parroquia San José de Leonessa de Cartagena y en la Parroquia San Jerónimo de Pasacaballos. Fueron dos semanas misioneras llevando un mensaje de misericordia a niños, jóvenes y familias, promoviendo la tercera etapa del Itinerario del Evangelio de la Misericordia de la Arquidiócesis de Cartagena. Animados por la invitación del Papa Francisco “jóvenes misioneros de la misericordia” contamos con la participación de jóvenes universitarios de Ibagué, Bogotá, Bucaramanga y Barranquilla que fueron a formar comunidad con los seminaristas para pasar varios días de formación, espiritualidad y pastoral en medio de las comunidades de la bahía y de una parroquia urbana. Realizaron actividades de animación misionera en los colegios y escuelas, gymkanas, visitas a las familias y enfermos, celebraciones, catequesis, taller de parroquia misionera con los agentes pastorales de las dos parroquias y animaron el encuentro de los ministros de la Zona No. 6 La Divina Providencia y promovieron el Aguapanelazo como experiencia de vivencia de la misericordia con los habitantes de calle de la ciudad.

25° Aniversario de la Parroquia del Sagrado Corazón de La Tagua

EQUIPO MISIONERO DE LA TAGUAEl pasado domingo 05 de junio hemos celebrado en La Tagua con alegría las bodas de plata de nuestra parroquia. Para ello iniciamos un jubileo de preparación en la fiesta patronal del año pasado inspirándose en el lema: “25 años construyendo comunidad, dispensando Tal vez parezca que celebrar los últimos 25 años pre suponga desconocer el camino de 50 años de misión recorrido en estos territorios amazónicos. Read More

Visita del card. Filoni al vicariato de Puerto Leguízamo-Solano

filloni Por primera vez en su historia recibía la visita del Cardenal Fernando Filoni (prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, del Vaticano). Y junto a él llegaron también: Mons. Ettore Balestrero (nuncio apostólico en Colombia), varios obispos de Colombia (Mons. Francisco Javier Múnera, Mons. Carlos Alberto, Mons. Francisco Ceballos) y de Ecuador (Mons. Celmo Lazzari, de Sucumbíos), así como también religiosos, religiosas, sacerdotes, animadores y laicos de Colombia, Ecuador y Perú. Read More