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PROFESIÓN PERPETUA Y ORDENACIÓN DIACONAL DE LEOVIGILDO CARLOS USSENE, IMC

Desde el Pacífico, con el <> de Dios como testigo, los Misioneros de la Consolata y el pueblo de Buenaventura compartió la alegría por la profesión perpetua y la ordenación diaconal de nuestro hermano de comunidad Leovigildo Carlos Ussene. Proveniente de Mozambique, Gildo como es llamado por sus <> de la Consolata, solo manifestó en su rostro la alegría por el momento que estaba viviendo junto a todas las personas que lo acompañaron y, además, junto a aquellos que, desde la distancia, como sus padres, trasportaron el corazón en el espacio y el tiempo para vivir tan bello momento junto a él.

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FIESTA POR UN NUEVO SACERDOTE MISIONERO DE LA CONSOLATA

El municipio de El Carmen de Bolívar, en la Costa Caribe colombiano (a 114km de Cartagena de Indias) estuvo en fiesta los días 6 y 7 de mayo, pues en el Santuario de Nuestra Señora del Carmen fueron celebrados dos grandes eventos: la ordenación presbiteral de Luis Fernando Barros Narváez, misionero de la Consolata e hijo de esta hermosa tierra, y la celebración de su primera Misa.

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ARMONIZAR LA VIDA EN NUESTRA CASA COMÚN

Del 20 de febrero al 03 de marzo del presente año, se realizaron las convivencias pedagógicas sobre el tema del ‘cuidado de sí mismo, de los demás, de la naturaleza y de la relación con Dios’ para los estudiantes del Gimnasio Campestre La Consolata, de Manizales, animados por el equipo de Animación Misionera, Juvenil y Vocacional de Bogotá conformada por el padre Julio Caldeira y los laicos Yecid Blanco, Diana Benítez y Álvaro Gacharná.

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Misioneros de la Consolata en América definen opciones y servicios

Definir un Proyecto Continental para los misioneros de la Consolata en América. Este es el objetivo de la Asamblea Continental Pre-capitular del Instituto Misiones Consolata (IMC) que se realiza esta semana, del 8 al 14, en Bogotá, Colombia.

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Asamblea Nacional de los Laicos Misioneros de la Consolata – Colombia

portada webLos días 2 y 3 de julio de 2016, en Jamundí, acogidos por la comunidad de Cali, treinta laicos misioneros de la Consolata están reunidos para su XIII Asamblea Nacional laicos misioneros de la Consolata (LMC) de Colombia. Con el lema “Los LMC, testigos de la misericordia del Padre”, asisten a la Asamblea laicos provenientes de las comunidades de Bogotá, Bucaramanga, Cali y Medellín; participan también un laico de Manizales para conocer el camino, dos sacerdotes y un religioso profeso de Teología de los misioneros de la Consolata, y una hermana misionera de la Consolata. Primer día Con la llegada de los participantes, la Asamblea inició con la oración guiada por los LMC de Cali. En seguida, iluminados por el lema, el P. Julio Caldeira compartió acerca de los LMC que deben reconocerse discípulos, testigos y misioneros de la misericordia de Dios desde el llamado que recibimos de Jesús y fortalecidos por el carisma de la familia Consolata, del cual los LMC son uno de los sujetos carismáticos, como lo son los padres y hermanos misioneros, las hermanas misioneras y los jóvenes misioneros. Por la tarde el equipo de revitalización y reestructuración reflexionó acerca del perfil del LMC, sistematizado en el I encuentro continental americano del LMC realizado en 2010, en Brasil. Los cinco puntos del perfil son: devoción mariana, teniendo a la Virgen Consolata como Madre, modelo y guía; estar disponible a la misión ad gente como acción apostólica; asumir el laicado misionero de la Consolata como vocación ad vitam; estar dispuesto a la formación allamaniana, descubriendo a Jesús en el otro, dando testimonio de vida; compartir el carisma y la espiritualidad (oración, Eucaristía y espíritu de familia). Seguidamente se realizó un trabajo en grupos por localidades y plenaria, reflexionando acerca de los retos que dejan a la vida y misión de LMC. Concluimos la jornada con la celebración eucarística preparada por los LMC de Bogotá y presidida por el P. Julio Caldeira, y un compartir misionero festivo organizado por la comunidad LMC de Cali. Segundo día Este día comenzó con la oración guiada por los LMC de Medellín. Por la mañana, se presentaron los informes del equipo coordinador y de las localidades de Medellín, Cali, Bogotá y Bucaramanga, bien como el bello compartir del testimonio misionero de Danmari Mujica (LMC venezolana que está actualmente en Sucumbíos, Ecuador). Por la tarde el P. Venanzio Mwangi, imc, compartió acerca de la “espiritualidad misionera del laicado”, desde la importancia de tener una auténtica vida según el Espíritu, con el fin de asumir el compromiso que buscamos realizar a cada día. También se compartió el trabajo que se está llevando adelante por la Comisión de Revitalización y Reestructuración (CRR) recordando el camino de nuestra familia Consolata que está conformada por sacerdotes y hermanos, hermanas, laicos y jóvenes misioneros. La Asamblea fue clausurada con la celebración eucarística animada por la Pastoral Afrocaleña, presidida por el P. Venanzio, y con la renovación del compromiso misionero de cada LMC. Como es propio del espíritu caleño, vivimos un verdadero encuentro festivo, donde agradecemos a toda la comunidad de Cali por la acogida y preparación de esta 13ª Asamblea. La próxima Asamblea será los días 1 y 2 de julio de 2017, en Bogotá. Fotos en el facebook: Primer Día / Segundo Día

(Escrito por P. Julio Caldeira, imc / Fotos: Diana Benítez y Diana Arango)

JULIO ES EL MES DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD, EN POLONIA

DEL 26 AL 31 DE JULIO DE 2016

«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7)

Mensaje Francisco JMJ 2016
Queridos jóvenes:
    Hemos llegado a la última etapa de nuestra peregrinación a Cracovia, donde en el mes de julio del próximo año celebraremos la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. En nuestro largo y arduo camino nos guían las palabras de Jesús recogidas en el «sermón de la montaña». Hemos comenzado este recorrido en 2014, meditando sobre la primera de las Bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3). Para el año 2015 el tema fue «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). En el año que tenemos por delante queremos que nos sirvan de inspiración las palabras: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7).
1. El Jubileo de la Misericordia
Con este tema, la JMJ de Cracovia 2016 se introduce en el Año Santo de la Misericordia, convirtiéndose en un verdadero Jubileo de los Jóvenes de ámbito mundial. No es la primera vez que un encuentro internacional de los jóvenes coincide con un Año jubilar. En efecto, san Juan Pablo II convocó por primera vez a los jóvenes de todo el mundo para el Domingo de Ramos durante el Año Santo de la Redención (1983/1984). Después, durante el Gran Jubileo del Año 2000, más de dos millones de jóvenes de unos 165 países se reunieron en Roma para la XV Jornada Mundial de la Juventud. Como sucedió en estos dos casos precedentes, estoy seguro de que el Jubileo de los Jóvenes en Cracovia será uno de los momentos fuertes de este Año Santo.
Quizás alguno de ustedes se preguntará: ¿Qué es este Año jubilar que se celebra en la Iglesia? El texto bíblico de Levítico 25 nos ayuda a comprender lo que significa un «jubileo» para el pueblo de Israel: Cada cincuenta años los hebreos oían el sonido de la trompeta (jobel) que los convocaba (jobil) para celebrar un año santo, como tiempo de reconciliación (jobal) para todos. En este tiempo se debía recuperar una buena relación con Dios, con el prójimo y con lo creado, basada en la gratuidad. Por ello se promovía, entre otras cosas, la condonación de las deudas, una ayuda particular para quien se empobreció, la mejora de las relaciones entre las personas y la liberación de los esclavos. Jesucristo vino para anunciar y llevar a cabo el tiempo perenne de la gracia del Señor, anunciando a los pobres la buena noticia, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos (cf. Lc 4,18-19). En él, especialmente en su Misterio Pascual, se cumple plenamente el sentido más profundo del jubileo. Cuando la Iglesia en nombre de Cristo convoca un jubileo se nos invita a vivir un tiempo extraordinario de gracia. La Iglesia misma está llamada a ofrecer abundantes signos de la presencia y cercanía de Dios, a despertar en los corazones la capacidad de fijarse en lo esencial. En particular, este Año Santo de la Misericordia «es el tiempo para que la Iglesia redescubra el sentido de la misión que el Señor le ha confiado el día de Pascua: ser signo e instrumento de la misericordia del Padre» (Homilía en las Primeras Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia, 11 de abril de 2015).
2. Misericordiosos como el Padre
El lema de este Jubileo extraordinario es: «Misericordiosos como el Padre» (cf. Misericordiae vultus, 13), y con el que se armoniza el tema de la próxima JMJ. Intentemos por ello comprender mejor lo que significa la misericordia divina.
El Antiguo Testamento usa varios términos para hablar de la misericordia; los más significativos son los de hesed y rahamim. El primero, aplicado a Dios, expresa su incansable fidelidad a la Alianza con su pueblo, al que ama y perdona eternamente. El segundo, rahamim, se puede traducir como «entrañas», que nos recuerda en modo particular el seno materno y nos hace comprender el amor de Dios por su pueblo como el de una madre por su hijo. Así nos lo presenta el profeta Isaías: «¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré» (Is 49,15). Un amor de este tipo implica hacer espacio al otro dentro de sí, sentir, sufrir y alegrarse con el prójimo. El concepto bíblico de misericordia comprende también un amor concreto que es fiel, gratuito y sabe perdonar. Oseas nos ofrece un hermoso ejemplo del amor de Dios, comparándolo al de un padre hacia su hijo: «Cuando Israel era joven lo amé y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí […] Pero era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba. Con lazos humanos los atraje, con vínculos de amor. Fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas. Me incliné hacia él para darle de comer» (Os 11,1-4). A pesar de la actitud errónea del hijo, que bien merecería un castigo, el amor del padre es fiel y perdona siempre al hijo arrepentido. Como vemos, en la misericordia siempre está incluido el perdón; «no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo […] Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón» (Misericordiae vultus, 6). El Nuevo Testamento nos habla de la divina misericordia (eleos) como síntesis de la obra que Jesús vino a cumplir en el mundo en el nombre del Padre (cf. Mt 9,13). La misericordia de nuestro Señor se manifiesta sobre todo cuando él se inclina sobre la miseria humana y muestra su compasión hacia quien necesita comprensión, curación y perdón. En Jesús, todo habla de misericordia, es más, él mismo es la misericordia. En el capítulo 15 del Evangelio de Lucas encontramos las tres parábolas de la misericordia: la de la oveja extraviada, la de la moneda perdida y la que conocemos como la del «hijo pródigo». En estas tres parábolas nos impresiona la alegría de Dios, la alegría que él siente cuando encuentra al pecador y lo perdona. Sí, perdonar es la alegría de Dios. Aquí tenemos la síntesis de todo el Evangelio. «Cada uno de nosotros es esa oveja extraviada, esa moneda perdida; cada uno de nosotros es ese hijo que ha derrochado la propia libertad siguiendo ídolos falsos, espejismos de felicidad, y ha perdido todo. Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Es un padre paciente, nos espera siempre. Respeta nuestra libertad, pero permanece siempre fiel. Y cuando volvemos a él, nos acoge como a hijos en su casa, porque jamás deja, ni siquiera por un momento, de esperarnos con amor. Y su corazón está en fiesta por cada hijo que regresa. Está en fiesta porque es alegría. Dios tiene esta alegría cuando uno de nosotros pecadores va a él y pide su perdón» (Ángelus, 15 septiembre 2013). La misericordia de Dios es muy concreta y todos estamos llamados a experimentarla en primera persona. A la edad de diecisiete años, un día en que tenía que salir con mis amigos, decidí pasar primero por una iglesia. Allí me encontré con un sacerdote que me inspiró una confianza especial, de modo que sentí el deseo de abrir mi corazón en la confesión. Aquel encuentro me cambió la vida. Descubrí que cuando abrimos el corazón con humildad y transparencia, podemos contemplar de modo muy concreto la misericordia de Dios. Estaba seguro de que en la persona de aquel sacerdote Dios me estaba esperando, antes de que yo diera el primer paso para ir a la iglesia. Nosotros le buscamos, pero es él quien siempre se nos adelanta, desde siempre nos busca y es el primero que nos encuentra. Quizás alguno de ustedes tiene un peso en el corazón y piensa: «He hecho esto», «he hecho aquello…». No teman. Él les espera. Él es padre: siempre nos espera. Qué hermoso es encontrar en el sacramento de la Reconciliación el abrazo misericordioso del Padre, descubrir el confesionario como lugar de la Misericordia, dejarse tocar por este amor misericordioso del Señor que siempre nos perdona.
Y tú, querido joven, querida joven, ¿has sentido alguna vez esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que, por amor, te ha dado todo? Como nos enseña san Pablo, «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores» (Rm 5,8). ¿Pero entendemos de verdad la fuerza de estas palabras?
Sé lo mucho que ustedes aprecian la cruz de las JMJ –regalo de san Juan Pablo II–, que desde el año 1984 acompaña todos los Encuentros mundiales. Cuántos cambios, cuántas verdaderas y auténticas conversiones se han verificado en la vida de tantos jóvenes al encontrarse con esta cruz desnuda. Quizás se hicieron la pregunta: ¿De dónde viene esta fuerza extraordinaria de la cruz? He aquí la respuesta: La cruz es el signo más elocuente de la misericordia de Dios. Ella nos da testimonio de que la medida del amor de Dios para con la humanidad es amar sin medida. En la cruz podemos tocar la misericordia de Dios y dejarnos tocar por su misericordia. Quiero recordar aquí el episodio de los dos malhechores crucificados junto a Jesús. Uno de ellos es engreído, no se reconoce pecador, se ríe del Señor; el otro, en cambio, reconoce que ha fallado, se dirige al Señor y le dice: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le mira con misericordia infinita y le responde: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (cf. Lc 23,32.39-43). ¿Con cuál de los dos nos identificamos? ¿Con el que es engreído y no reconoce sus errores, o quizás con el otro, el que se sabe necesitado de la misericordia divina y la implora de todo corazón? El Señor, que ha dado su vida por nosotros en la cruz, siempre nos ama con un amor incondicional, que reconoce nuestra vida como un bien y nos da siempre la posibilidad de volver a comenzar.
3. La extraordinaria alegría de ser instrumentos de la misericordia de Dios
La Palabra de Dios nos enseña que «la felicidad está más en dar que en recibir» (Hch 20,35). Precisamente por este motivo la quinta Bienaventuranza declara felices a los misericordiosos. Sabemos que el Señor nos ha amado primero. Pero sólo seremos de verdad bienaventurados, felices, cuando entremos en la lógica divina del don, del amor gratuito, cuando nos demos cuenta de que Dios nos ha amado infinitamente para hacernos capaces de amar como él, sin medida. Como dice san Juan: «Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor […] En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros» (1 Jn 4,7-11).
Después de haberles explicado de modo muy resumido cómo realiza el Señor su misericordia con nosotros, quiero sugerirles algunos modos concretos de ser instrumentos de esta misma misericordia hacia nuestro prójimo.
Me viene a la mente el ejemplo del beato Pier Giorgio Frassati. Él decía: «Jesús me visita cada mañana en la Comunión, y yo, según mi miseria, se la devuelvo visitando a los pobres». Pier Giorgio era un joven que había entendido lo que quiere decir tener un corazón misericordioso, sensible a los más necesitados. Les daba algo más que cosas materiales; se daba a sí mismo, gastaba tiempo, palabras, capacidad de escucha. Servía siempre a los pobres con gran discreción, sin ostentación. Vivía realmente el Evangelio que dice: «Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto» (Mt 6,3-4). Fíjense en que un día antes de su muerte, cuando estaba gravemente enfermo, daba disposiciones sobre cómo ayudar a sus amigos necesitados. En su funeral, los familiares y amigos se quedaron atónitos por la presencia de tantos pobres, para ellos desconocidos, que el joven Pier Giorgio visitaba y ayudaba.
A mí siempre me gusta asociar las Bienaventuranzas evangélicas con el capítulo 25 de Mateo, cuando Jesús nos presenta las obras de misericordia y dice que seremos juzgados con respecto a ellas. Les invito por tanto a descubrir de nuevo las obras de misericordia corporales: visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar al que nos ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rogar a Dios por los vivos y difuntos. Como pueden ver, la misericordia no es «buenismo» ni un mero sentimentalismo. Aquí se demuestra la autenticidad de nuestro ser discípulos de Jesús, de nuestra credibilidad como cristianos en el mundo actual.
A ustedes, jóvenes, que son muy concretos, quisiera proponerles que, para los primeros siete meses del año 2016, elijan una obra de misericordia corporal y otra espiritual para ponerlas en práctica cada mes. Déjense inspirar por la oración de santa Faustina, humilde apóstol de la Divina Misericordia en nuestra época:
«Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla […]
a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos […]
a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás hable negativamente de mi prójimo sino que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos […]
a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras […]
a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio […]
a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo» (Diario 163).
El mensaje de la Divina Misericordia constituye un programa de vida muy concreto y exigente, pues implica el obrar. Una de las obras de misericordia más evidente, pero quizás más difícil de poner en práctica, es la de perdonar a quien te ha ofendido, a quien te ha hecho daño, a quien consideramos un enemigo. «¡Qué difícil es, muchas veces, perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices» (Misericordiae vultus, 9).
Me encuentro con tantos jóvenes que dicen estar cansados de este mundo tan dividido, en el que se enfrentan seguidores de facciones diferentes, hay muchas guerras e incluso quien usa la propia religión como justificación para la violencia. Tenemos que suplicar al Señor que nos dé la gracia de ser misericordiosos con quienes nos hacen daño. Igual que Jesús, que en la cruz rezaba por los que le habían crucificado: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). La misericordia es el único camino para vencer el mal. La justicia es necesaria, cómo no, pero ella sola no basta. Justicia y misericordia tienen que caminar juntas. Cómo me gustaría que todos nos uniéramos en una misma oración, implorando desde lo más profundo de nuestros corazones que el Señor tenga misericordia de nosotros y del mundo entero.
4. Cracovia nos espera
Faltan pocos meses para nuestro encuentro en Polonia. Cracovia, la ciudad de san Juan Pablo II y de santa Faustina Kowalska, nos espera con el corazón y los brazos abiertos. Creo que la Divina Providencia nos ha guiado para celebrar el Jubileo de los Jóvenes precisamente ahí, donde han vivido estos dos grandes apóstoles de la misericordia en nuestro tiempo. Juan Pablo II intuyó que éste era el tiempo de la misericordia. Al comienzo de su pontificado escribió la encíclica Dives in Misericordia. En el Año Santo del 2000, canonizó a sor Faustina, instituyendo también la fiesta de la Divina Misericordia en el segundo domingo de Pascua. En el año 2002 consagró personalmente en Cracovia el Santuario de Jesús Misericordioso, encomendando el mundo a la Divina Misericordia y con el deseo de que este mensaje llegase a todos los habitantes de la tierra, llenando los corazones de esperanza: «Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad» (Homilía para la Consagración del Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia, 17 agosto 2002).
Queridos jóvenes, Jesús misericordioso, representado en la imagen venerada por el pueblo de Dios, en el santuario de Cracovia a él dedicado, los espera. Él se fía de ustedes y cuenta con ustedes. Tiene tantas cosas importantes que decirles a cada uno de ustedes… No tengan miedo de contemplar sus ojos llenos de amor infinito hacia ustedes y déjense acariciar por su mirada misericordiosa, dispuesta a perdonar cada uno de sus pecados, una mirada que es capaz de cambiar la vida de ustedes y de sanar las heridas de sus almas, una mirada que sacia la sed profunda de sus jóvenes corazones: sed de amor, de paz, de alegría y de auténtica felicidad. Vayan a él y no tengan miedo. Vayan para decirle desde lo más profundo de sus corazones: «Jesús, confío en ti». Déjense tocar por su infinita misericordia, para que ustedes a su vez, mediante las obras, las palabras y la oración, se conviertan en apóstoles de la misericordia en nuestro mundo herido por el egoísmo, el odio y tanta desesperación.
Lleven la llama del amor misericordioso de Cristo –de la que habló san Juan Pablo II– a los ambientes de su vida cotidiana y hasta los confines de la tierra. En esta misión, yo los acompaño con mis mejores deseos y mi oración. En este último tramo del camino de preparación espiritual hacia la próxima JMJ de Cracovia, los encomiendo a la Virgen María, Madre de la Misericordia, y los bendigo de todo corazón.
Papa Francisco
Vaticano, 15 de agosto de 2015 Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

PRIMERAS ACTIVIDADES DE LA ESCUELA DE LIDERAZGO JUVENIL MISIONERO

Resumen de los primeros cuatro días de la ELJM *  La Escuela de Liderazgo Juvenil Misionero (ELJM), que se está llevando a cabo del 24 de Junio al 04 de Julio en Bucaramanga es una de las propuestas de la Animación Misionera, Juvenil y Vocacional (AMJV) de los Misioneros de la Consolata en Colombia, con la cual se pretende tener un espacio en el que se brinden herramientas formativas, espirituales y pastorales a 130 jóvenes líderes de diferentes partes de Colombia que llevan procesos pastorales y de liderazgo en sus iglesias locales, colegios, universidades o que simplemente tienen en el corazón el llamado a poner en salida misionera su vida y a la iglesia. Pero… ¿Para qué una Escuela de Liderazgo Juvenil Misionera? Esta pregunta se hizo el primer día de encuentro, reflexionando que la iglesia está sosa y debe ponerse en salida misionera, siendo que los jóvenes necesitan propuestas y el mundo necesita salvación. En este día el P. Giovanni Torres realiza el curso “la Iglesia y su misión en el mundo”, explicando los puntos que lo determinan: partiendo de la realidad, iluminando con el proyecto de Dios y la propuesta del papa Francisco de que la iglesia se ponga en salida misionera para llevar a un nuevo camino del Evangelio al estilo de Jesús. Por la tarde se realizó la “yamislana” (construcción comunitaria), con la dinámica “Apocalipsis”, donde el objetivo principal era crear situaciones y recursos que generaran la salvación del mundo por parte de los sobrevivientes de una catástrofe. Con la Celebración Eucarística presidida por el P. Giovanni, ofrecimos en las manos de Dios estos días de encuentro. Por la noche los jóvenes salieron a la calle “a hacer lío”, compartiendo con los habitantes del barrio Mutis. La gran conclusión del primer día es que el trabajo comunitario es prevalente al individual porque es el que hace llevar a la iglesia a salir misioneramente. 13502850_1052120244824165_635087250087329783_o   13502705_1052133558156167_1337260066770009019_o   13558708_1052119518157571_7123402057379205703_o13528131_1052132304822959_6037900668221592966_o  13517555_1052130894823100_2504078251030509140_o  13528411_1052126078156915_4354110156320570856_o 13528252_1052135251489331_3882406730878868586_o   13558684_1052135991489257_8128786709189909172_o __________________________________________________________________________________ El segundo día empieza con el primer momento espiritual “el encuentro con Jesús” y se hace una gran pregunta: ¿dónde se puede encontrar a Jesús?; transcurrida esta experiencia identificamos los rostros de Jesús en el otro, en el pobre, en el Evangelio, en la oración y en la Eucaristía. Seguidamente se inicia el taller “lógicas juveniles y la pastoral de la iglesia”, cuestionando, desde la realidad pastoral de los participantes, y señalando en cada una, donde se encuentra el hermano y los desafíos. Se comparten seminarios, donde los jóvenes buscan reflexionar la práctica misionera desde la realidad del mundo actual (Escuela de Discipulado y Misión; Misión Mundo-Humanidad; La familia humana y la casa común; el proyecto personal de vida; la pastoral de la Iglesia en salida misionera). Por la noche salimos a vivir la experiencia de “Aguapanelazo Bucaramanga”, motivados por la propuesta de Jesús del pan partido que debe ser compartido y repartido, este proyecto busca el acercamiento con  los habitantes de calle por medio de un vaso de aguapanela y pan. 13497765_1052145818154941_4294478812734834685_o   13502521_1052147738154749_975286177390221829_o   13443041_1052147158154807_1990910851661999649_o 13498133_1052149544821235_6520012147810795291_o (1)    13528384_1052150244821165_8254672852582930560_o   13558620_1052150301487826_6698464759966176459_o ________________________________________________________________________________ A partir del tercer día la escuela empiezan las mesas de creación para reconocer, crear propuestas y realizar acciones concretas. Iniciamos la jornada con la Celebración Eucarística presidida por el P. Julio Caldeira. Se  realizó otra “yamislana” para reconocer el “contraste entre la Iglesia sosa y la Iglesia en salida” y una mesa de creación acerca de “la pastoral de la Iglesia en salida”, donde se definieron y realizamos algunas experiencias concretas de animación misionera: en los semáforos, con los niños, en los parques y en el centro comercial; visitando las familias, el hospital, el comercio local, algunas autoridades locales e iglesias evangélicas; y la transmisión en vivo de la radio misión online. 13483392_1053436041359252_8412085270014264441_o    13495670_1053446918024831_451617241575557800_o     13498027_1053433511359505_5519651384961280652_o

ESCUELA DE LIDERAZGO JUVENIL MISIONERO

13522704_1050722711630585_5088964775907011685_o Escuela de Liderazgo Juvenil Misionero Inició hoy, 24 de junio, y va hasta el 4 de julio, en el Centro de Animación Misionera La Consolata, de Bucaramanga, la primera etapa de la Escuela de Liderazgo Juvenil Misionero, que busca poner ánimo misionero en y desde la juventud, y aprender técnicas de animación y pastoral misionera. Participan alrededor de 130 jóvenes provenientes de norte a sur de Colombia: Bucaramanga,  Barichara, Piedecuesta, Lebrija (Santander); El Zulia, Cúcuta (Norte de Santander); Bogotá D.C.; Medellín (Antioquia); Aguachica (César); San Andrés Isla; Cali, Palmira y La Unión (Valle); Ibagué, Chaparral y Flandes (Tolima); Manizales (Caldas); Arauca; Cartagena (Bolívar); Ciénaga (Magdalena); Barranquilla (Atlántico); Cartagena del Chairá (Caquetá); Puerto Leguízamo y La Tagua (Putumayo); Soplín Vargas (Perú) y misioneros provenientes de América y África. El objetivo es lograr que el joven contraste su vida con las propuestas de Jesús, para que realice su liderazgo en la familia, colegio, universidad, trabajo, parroquia y diócesis, respondiendo a los desafíos misioneros de la Iglesia en el mundo actual. Para esto se llevarán adelante dos etapas de formación, cada una de diez días para recibir herramientas-instrumentos de formación, espiritualidad y pastoral misionera. La segunda etapa está pensada para realizarse en junio de 2017. Fotos: ELJM Día 1 (Julio Caldeira, imc)   13507140_1050942761608580_7255556724411355189_n 13524466_1050974324938757_6282439735199099407_n